De lo aburrido de la vida, y la sociología como falta de identidad.

Por Herr Direktor

Algunas de las preguntas más frecuentes que me he hecho en la vida, tienen que ver con el desgaste emocional que ésta implica, y lo aburrida que se puede tornar. Algún joven optimista puede alentarme diciendo que es cuestión de voluntad y que la vida es bella, y que nosotros hacemos el camino, y que la verdadera felicidad se encuentra mirando para adentro, y todas esas patrañas que ayudan a los seres humanos a superar la triste realidad a la que son sometidos en las sociedades contemporáneas. Pero no. No me sirve ese bálsamo social.

Hace un tiempo atrás, escuchando a The Doors me preguntaba por la epifánica rebeldía con que Jim movía las caderas, y cómo aquello, inspiraba a generaciones de jóvenes a hacer lo mismo sin un discurso claro, más que el simple afán de divertirse con rock y drogas. Y claro, las evasivas de yonkis y jóvenes parecen ser la mejor respuesta  a una sociedad que espera la normalidad a cambio de unos pesos, y promulga la cotidiana esclavitud como valor moral. La otra es la revolución, o la guerra deliberada.

Siempre, y de eso puedo estar seguro, me he sentido alejado de las convenciones sociales, a veces con una altanería repudiable, y otras con algún grado sensatez los suficientemente cómoda como para poder vivir en sociedad sin terminar odiando cada modelo de vida, estrategia política, o sonrisa leve con la que me enfrento día a día.

Debo convivir con otros y enfrentar las convenciones que odio, y no tengo escapatoria más que la escapatoria. A veces aburre la crítica, por crítica. Pero la ciudad seduce, y cuando uno comparte el código, y en la ciudad se habla el lenguaje que uno habla, todo parece confuso. Salir arrancando es como abandonar el alma, pero eso también es ficción. O cobardía, o sensatez.

La sociología, además de rotular y categorizar todo lo que se mueve, y lo que no, también rotula al propio sujeto que porta este conocimiento. Por eso no me extraña que muchos de los sociólogos más insignes de la historia, hayan rehusado  ser llamados así; sociólogos. Porque si algo hemos aprendido es a agrupar, cuestión que impide situarse con calma ante las agrupaciones, porque nunca perteneces, y si lo haces, identificas los guiños sociales que haces al hablar, y eso asusta, porque apareces en todos lados. La ilusión de ser único e irrepetible se convierte en una mofa, y tú, en la reproducción de la reproducción de tu especie. Rockeros, artistas, políticos, futbolistas, intelectuales, modelos, yoguis, motociclistas, fotógrafos, obreros, budistas, evangélicos, judíos, mecánicos, oficinistas, prostitutas, curas, escolares, doctores, periodistas, nanas y empresarios, todos, comparten guiños, todos comparten hábitos y ropas, y el ser humano  depositado en la categoría se va conviertiendo en su propia ilusión de identidad, para desaparecer, a veces, en las mismas pretensiones que de niño alguna vez evadió con la certeza y lucidez de la falta de experiencia. Pura intuición.

¿Cuándo deja de ser entretenida la vida y pasamos a repetir las pautas que nos invitan a malgastarla? Alienación de principio de siglo. Enajenación propia del laburo como práctica de subsistencia. Juego enclaustrado. Mala época para cosechas. Qué sé yo. La vida misma está media torcida.

Ahora, sentirse cansado de todo sin deprimirse es de un valor considerable, teniendo en cuenta que la cosa no cambia, y que la absorsión de las cabezas humanas, a veces parece lógica lógica, y uno mismo comienza a convertirse en ese ser humano que lucha continuamente por escapar de lo aburrida que puede llegar a ser la existencia.

¿De quién es la responsabilidad? , por ahora, echémosle la culpa a Piñera.

7 thoughts on “De lo aburrido de la vida, y la sociología como falta de identidad.”

  1. Llego en este momento de trabajar. 22:15 hrs. Silenciosa, a solas en mi auto que permite oír a Violeta Parra y a Luis dimas a continuación, el cansancio, la ausencia de mis amados a mi llegada a casa, pensaba exactamente en lo mismo que escribes ahora. Una emoción sensible me atrapó. Y los semáforos y el suave rodar de los neumáticos acercándome a mi refugio, no me otorgaron ese placer de hace algunas horas cuando me creo mi propia existencia como válida, pero sintiéndome alienada de lo que ha sido mi vida desde siempre. Casi carezco de tiempo para leer, y pensar. Es el trabajo y la sobrevivencia. La necesidad de funcionar para tener un sostén futuro. Eso valida todo esfuerzo y me asfixia la enajenación del esfuerzo. No sé si me explico… no me categoriza en ningún estrato relativo a pertenencia social, no solo porque no quiero, sino porque no soy y no soy y no soy, un ser social. Y no siempre es un beneficio. No pertenecer es jodido también. Las elecciones que se hacen en la vida son de propia responsabilidad. Mi categoría soy yo misma y me constituyo y me lleva a mí misma para regalar un ser entero y en plenitud a quienes amo. Para mí misma. Cierras con piñera irónicamente, un comentario innecesario aunque sea para sonreír. Es que estoy agotada. Pero es porque quiero aparte de la necesidad de ejercer toda capacidad de incorporarme a la sociedad, a la que nunca pertenecerá, pero que me incluye como un engranaje más. Nada de depresión, nada de aburrimiento en consecuencia. Pasé las últimas 5 horas ovillando kilos de lana de colores magníficos. Música y ovillos. Aburrido en el accionar, entretenido ver que los rollos crecían y crecían a mis pies y espaldas rodeándome. Repito acciones no pautas. Me estoy justificando? No. Es la vida que me alcanza, como dijo en esa canción increíble esa argentina hermosa de quien no recuerdo su nombre. Jamás arrancar. no es sensatez ni lucidez. Ambos adjetivos solo rozan la verdadera, para mí, opción: quedarse, elegir y optar. Continuar, irse, (y a otra cosa mariposa). Por ahí sí.

    1. Sí. Continuar. Irse es una palabra más decorosa, y prudente, y creo que necesaria. Hasta, quizás, resuelta. Más madura que una escapatoria.
      Tuve que recurrir a la RAE Luisa;

      Escapatoria:
      1. f. Acción y efecto de evadirse y escaparse.
      2. f. coloq. Excusa, efugio y modo de evadirse alguien de la dificultad y aprieto en que se halla.

      Creo que concebir una condición como insatisfactoria, o quizás indeseable, obliga a un sujeto como yo a hablar de escapatoria, porque identifico, sospecho, una molestia. Un problema con esto de configurarse a sí mismo como un ser social por definición, cuando, como tú estoy lejos de serlo.
      Evadir, es momentáneo. Irse, continuar es perecedero. Es una desición.
      Problema o condición Luisa mía?

      vivir, dejarse vivir, o definitivamente continuar porque ese es el juego y lo sabemos desde el principio?

      releí el artículo, y me encontré con tu comentario. Mágico saberte así. lejos de ti, y siempre al final, tan cerca Luisa.

  2. Es un problema, no es condición.
    Las condiciones son reglas sociales que ordenan.
    Evadir es momentáneo. Cierto.
    Continuar, también,
    Vivir, es decisión.
    Dejarse vivir es una irresponsabilidad monumental. es soltar los hilos, aunque se esa el juego.
    Cuando no se hace aquello que otorga plenitud, aparecen estas disquisiciones.
    No siempre se tiene , verdadramente ese privilegio.
    Y hay que seguir.
    Lo que aplasta es el continuar a pesar de.
    Y saberlo desde antes… joder!!!!
    Otra cosa es estar en ello,día tras día.
    Por ello, es bueno no olvidar y repetirse que lo que se hace, es reflejo del sueño primero, cuando dimos el salto al vacío, sonriendo.

    1. A mí me enseñaron que no tener mano es una condición. Y que tener una mano mala, si puedo solucionarlo, es un problema.
      Cuando hablamos de reglas sociales, o determinaciones de campo, es decir, de personas que se ven obligadas a subsistir jugando un juego que no necesariamente quieren jugar, me parece una condición innegable, porque esta persona, se ve limitada a las reglas del juego que juega. No puede cambiarlas. Se somete.
      Quedarse en ese campo, que la persona puede identificar como condición alienante, es también una irresponsabilidad monumental. Como dejarse vivir.
      Eso sería, estar en ello día tras día.
      La pregunta es; ¿cuándo carajo uno toma la desición de continuar?, dar el paso, y dejar de repetirse en lo que uno hace?
      el salto al vacío es también buena pregunta.
      son inestabilidades momentáneas quizás, pero puede tornarse muy abúlico todo este enjambre de preguntas, mientras tanto, el tiempo pasa y uno puede morir mañana.

      Pero no hay q ser fatalista, el primer paso es reconocer condiciones o problemas buscar la alternativa. Además, uno puede convivir en terrenos hostiles. Firme y sereno.

  3. I feel you bro.

    Además que hayas partido usando de ejemplo una canción de Jim demuestras cómo a través de una sensación llegaste a una idea intelectual,la sociología en su práctica no nos permite entender esas sutilezas de nuestra existencia.Pero al mismo tiempo, nos ha dado las herramientas para “deprimirnos”. Al fin y al cabo, la razón cuelga del cuerpo cómo un péndulo… y a veces nos patea en las bolas.

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