De las vacaciones, el trabajo, y esa cosa que no anda bien…

Por Herr Direktor

No es sencillo evitar abstraerse y caer en la más sincera modorra estando con tiempo a disposición. Nuestra cultura, como habremos entendido, nos ha obligado, amparando esta obligación en legitimaciones de orden legal, a trabajar más de 8 horas diarias, sometiendo nuestra voluntad a la producción. Entonces, cuando la producción no es obligatoria, porque la cultura ha cedido parceladamente sus objetivos, uno es libre de las ataduras. O debería serlo.

Ya el concepto de libertad nos pone en aprietos. Ya el concepto de producción, requiere necesariamente de la mirada desconfiada. Porque, ¿nos liberamos realmente?. La modorra, ¿es la muestra del cansancio acumulado por el juego que jugamos, o es la condición intrínseca del hombre, que evita, desde tiempos inmemoriales la “responsabilidad” de trabajar?

Según entiendo, el hombre ha trabajado (hablamos de trabajo asalariado, por supuesto) desde que el concepto de propiedad se instauró como lógica. Esto implica que el sometimiento de nuestro tiempo, contado en horas, es producto o de una muy mala idea, que sería necesario derogar, o bien, de una de las principales consecuencias de la confirmación de la posibilidad de cada ser humano, de reconocerse a sí mismo distinguiéndose de todos los demás, por, precisamente, lo que puede poseer.

La segunda alternativa es más prometedora, y más lógica. Nos permite pensar que la modificación del sistema no pasa por la erradicación y eliminación de sus gérmenes, sino, por la modificación de sus vicios.

Lo que sabemos todos, comunistas, liberales, neoliberales (mmm, bueno, ellos no sé), socialdemócratas,  estatistas, panteístas, taoístas etc…, es que algo no está bien. Trabajar para vivir. Descansar para volver a trabajar parece un vicio muy poco saludable. Y el problema está en si la sociedad lo reconoce, y si está en condiciones de hacer algo…

Por plebiscito, trabajaríamos 5 horas.

Yo mientras, iré a descansar. Un largo año me espera y el tiempo corre como leopardo a la caza.

2 thoughts on “De las vacaciones, el trabajo, y esa cosa que no anda bien…”

  1. Así, imaginando simplemente, prefiero la primera alternativa. Simple y llanamente el trabajo, asalariado, la esclavitud de nuestro tiempo, es una mala idea, que habría que erradicar.

    No sé si conocerán a Marshall Sahlins, antropólogo gringo que se dedico a demoler muchos de los prejuicios de los civilizados para con los que no. Bueno, en su “economía de la edad de piedra”, investigación sobre las sociedades paleolíticas y recolectoras-cazadoras sobrevivientes (años 70), afirmaba que, a diferencia de aquellas opiniones científicamente avaladas que sentenciaban que aquellas gentes vivían reducidas a la mera sobrevivencia, no es sino ahora, que la miseria y el hambre, a pesar de todos los desarrollos tecnológicos, se a transformado en una institución. El tiempo dedicado a suministrar alimentos, fabricación de herramientas, etc, etc, es decir, lo necesario para subsistir, para esas sociedades, no eran más de 5 horas al día. Todo el resto era destinado al ocio, dormir, caminar, hacer el amor, ceremonias, etc., etc. Ni siquiera para ellos era necesario acumular, incluso, disfrutaban el despilfarro, agotar todo pero sin dudar ni un momento en que inmediatamente se puede conseguir más (economías de retorno inmediato). Las primeras sociedades de la opulencia, del ocio, y quizás, digámoslo, del hedonismo fueron aquellas, y no las nuestras. La economía política, que supone necesidades ilimitadas frente a medios limitados, dentro de un contexto de escases, ve aquí interrumpidas sus generalizaciones. La economía de mercado bajo nuestras usanzas vive de la miseria, se impone la escases, su juego la (re)produce y la distribuye.

    Hoy, tan llenos de cosas, hasta el consumo aparece como una forma de trabajo. El tradicional antagonismo entre el trabajo y el capital se traslada al consumo. El tiempo libre, el ocio, es para nosotros incluso más provechoso para producir capital, y seguir con la lógica. Y claro que, proclamar una economía de la edad de piedra seria descabellado, estúpido, ilógico, pero ya que a mi se me antoja que nada tiene realmente su esencial e intrínseca necesidad, que la sociedad podría ser cualquier cosa (nada es verdad, todo está permitido), a pesar de todas sus reglas y determinaciones, sus habitus y panplinas (la naturaleza no tiene leyes, solo costumbre), que transformarse en monos estúpidos resulta mas exquisito y estimulante que humanos ilustrados.

    1. Gracias por comentar. Siempre se agradecen tus intervenciones Lakar.

      Ahora, la alternativa para cambiar el sistema laboral actual, se reduce a la reforma de leyes laborales que, al final, siempre tienen como horizonte la estabilidad macroeconómica del país, donde los empresarios, que son a su vez quienes más interés tienen en el mantenimiento del statu quo, tienen mucho que decir e influir.
      Yo estoy por la derogación de los vicios. Pero eso implica poner en juego no sólo al sistema, sino, a todo lo conocido. La segunda laternativa que planteao, puede ser considerada liberal, o hippie a ultranza. Esperanzadora, digo, porque nos sugiere que no importa cuan cagados estemos, siempre existe la alternativa de vivir un poco mejor manteniendo las cosas en regla. Ahora, la pregunta es quién pone las reglas, y si estamos de acuerdo con ello. Esta sociedad tiene varios beneficios, y muchas deficiencias. Pero tal como dices, puede parecer absurdo e ilógico plantear la derogación, eliminación de las lógicas actuales. Marx como la mayoría de las veces, plantea acertadamente que los procesos del capital fundan su propia destrucción, pero ahora se agrega un factor más alarmante, que el control absoluto de la política por parte de la economía cuestión que nos lleva a pensar que no importa cuán grande sea la crisis, ya que siempre habrá un Estado que subencione al capital con más capital, y cambie las reglas del juego para que la máquina siga funcionando, aún cuando todos queremos que deje de funcionar.
      Qué hacemos entonces? Las leyes laborales deberían considerar no sólo las pérdidas económicas que traería por ejemplo, reducir las jornadas laborales a 5 horas (como los antiguos…), sino pensar en los beneficios humanos. Si se puede medir el índice de felicidad, en estas condiciones todos llegaríamos al trabajo pensando que sólo es una tranza lógica, y no una esclavitud perpetua de 8 a 8. Eso es miserable. Mala idea.

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