2 Comments

  1. lakar
    31/01/2011 @ 14:43

    Así, imaginando simplemente, prefiero la primera alternativa. Simple y llanamente el trabajo, asalariado, la esclavitud de nuestro tiempo, es una mala idea, que habría que erradicar.

    No sé si conocerán a Marshall Sahlins, antropólogo gringo que se dedico a demoler muchos de los prejuicios de los civilizados para con los que no. Bueno, en su “economía de la edad de piedra”, investigación sobre las sociedades paleolíticas y recolectoras-cazadoras sobrevivientes (años 70), afirmaba que, a diferencia de aquellas opiniones científicamente avaladas que sentenciaban que aquellas gentes vivían reducidas a la mera sobrevivencia, no es sino ahora, que la miseria y el hambre, a pesar de todos los desarrollos tecnológicos, se a transformado en una institución. El tiempo dedicado a suministrar alimentos, fabricación de herramientas, etc, etc, es decir, lo necesario para subsistir, para esas sociedades, no eran más de 5 horas al día. Todo el resto era destinado al ocio, dormir, caminar, hacer el amor, ceremonias, etc., etc. Ni siquiera para ellos era necesario acumular, incluso, disfrutaban el despilfarro, agotar todo pero sin dudar ni un momento en que inmediatamente se puede conseguir más (economías de retorno inmediato). Las primeras sociedades de la opulencia, del ocio, y quizás, digámoslo, del hedonismo fueron aquellas, y no las nuestras. La economía política, que supone necesidades ilimitadas frente a medios limitados, dentro de un contexto de escases, ve aquí interrumpidas sus generalizaciones. La economía de mercado bajo nuestras usanzas vive de la miseria, se impone la escases, su juego la (re)produce y la distribuye.

    Hoy, tan llenos de cosas, hasta el consumo aparece como una forma de trabajo. El tradicional antagonismo entre el trabajo y el capital se traslada al consumo. El tiempo libre, el ocio, es para nosotros incluso más provechoso para producir capital, y seguir con la lógica. Y claro que, proclamar una economía de la edad de piedra seria descabellado, estúpido, ilógico, pero ya que a mi se me antoja que nada tiene realmente su esencial e intrínseca necesidad, que la sociedad podría ser cualquier cosa (nada es verdad, todo está permitido), a pesar de todas sus reglas y determinaciones, sus habitus y panplinas (la naturaleza no tiene leyes, solo costumbre), que transformarse en monos estúpidos resulta mas exquisito y estimulante que humanos ilustrados.

    • Herr Direktor
      01/02/2011 @ 11:57

      Gracias por comentar. Siempre se agradecen tus intervenciones Lakar.

      Ahora, la alternativa para cambiar el sistema laboral actual, se reduce a la reforma de leyes laborales que, al final, siempre tienen como horizonte la estabilidad macroeconómica del país, donde los empresarios, que son a su vez quienes más interés tienen en el mantenimiento del statu quo, tienen mucho que decir e influir.
      Yo estoy por la derogación de los vicios. Pero eso implica poner en juego no sólo al sistema, sino, a todo lo conocido. La segunda laternativa que planteao, puede ser considerada liberal, o hippie a ultranza. Esperanzadora, digo, porque nos sugiere que no importa cuan cagados estemos, siempre existe la alternativa de vivir un poco mejor manteniendo las cosas en regla. Ahora, la pregunta es quién pone las reglas, y si estamos de acuerdo con ello. Esta sociedad tiene varios beneficios, y muchas deficiencias. Pero tal como dices, puede parecer absurdo e ilógico plantear la derogación, eliminación de las lógicas actuales. Marx como la mayoría de las veces, plantea acertadamente que los procesos del capital fundan su propia destrucción, pero ahora se agrega un factor más alarmante, que el control absoluto de la política por parte de la economía cuestión que nos lleva a pensar que no importa cuán grande sea la crisis, ya que siempre habrá un Estado que subencione al capital con más capital, y cambie las reglas del juego para que la máquina siga funcionando, aún cuando todos queremos que deje de funcionar.
      Qué hacemos entonces? Las leyes laborales deberían considerar no sólo las pérdidas económicas que traería por ejemplo, reducir las jornadas laborales a 5 horas (como los antiguos…), sino pensar en los beneficios humanos. Si se puede medir el índice de felicidad, en estas condiciones todos llegaríamos al trabajo pensando que sólo es una tranza lógica, y no una esclavitud perpetua de 8 a 8. Eso es miserable. Mala idea.

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