De camisa abierta y pecho chileno… al habla con Redolés.

Antiguos, Entrevistas — By on diciembre 6, 2010 at 14:14

Se advierte al querido lector que si la entrevista realizada al poeta/ sociólogo/ escritor/ músico/ recogepapeles/ bachelor in arts/ ex comunista/ antihuachaca y amante de la comida, no tiene coherencia alguna, esto se debe a la absoluta convicción de los autores, que una entrevista con el personaje antes definido jamás podría poseerla.

Por Nicolás Soto y Sebastián Góngora


Cuéntanos, ¿cuál fue el contacto que tuviste o tienes con la sociología? ¿Fue significativa en tu formación?

Yo estudié sociología y tengo un bachelor in arts en sociología en la The City University… y bueno, estudié entre el año ’78 y egresé el ’82 u ’83… yo creo que el ’83. El curso duraba tres años y yo repetí uno. Llegué con un inglés muy pobre a la universidad y además estaba muy deprimido en ese momento. Estaba pasando por un bajón por diferentes motivos, más que nada del corazón; no políticos ni existenciales, pero eso llevaba a todo. Ahí entré porque mi intención era acercarme a una suerte de sociología de la literatura. Tuve cursos súper interesantes y otros no tanto. Estuve cuatro años en eso y fue una bonita experiencia.

Ahora, yo nunca he trabajado como sociólogo, o sea nunca he sido contratado… pero sí en los trabajos que he hecho, más que nada talleres literarios, talleres de literatura en cárceles. Yo creo que me sirvió mucho lo que aprendí, ¿en qué sentido? Más que nada en el sentido ideológico, al dar una representación del mundo a través de las distintas visiones. El reconocimiento de las clases sociales, de los conflictos sociales; pero eso yo lo tenía adquirido como comunista.  Yo milité en el partido comunista alrededor de dieciocho años, pero eso verlo refrendado con teorías de críticos burgueses, digamos, de exegetas neo marxistas de última hora, me sirvió mucho. Entonces de todo eso uno va aprendiendo y resulta ser entretenido. Más que nada, para mí, la sociología era una entretención. Fundamentalmente me gustaban los trabajos etnográficos de comunidades, a lo mejor más cercano con la antropología que la sociología. En fin, todo tiene que ver con todo.

¿Cuál es la relación más cercana en tu trabajo con la sociología? ¿Alguna anécdota que contar?

Hace unos años atrás una señora, que estaba en uno de mis recitales, me dijo: “tus poemas son bastante sociológicos”. Miráaaaa! Ella era la hija del fundador del instituto de sociología de la Universidad Católica. Hija del primer director, un señor Ursúa, era sociólogo. Bueno, mi tutor de sociología, John Carrie, que hoy debe tener unos setenta años, o más… no sabía nada de mi poesía. Creo que alguna vez le regalé algo, pero no estoy seguro, pero sí sabía que me interesaba la literatura. Me acuerdo que me dijo, con una mezcla de sarcasmo, mordacidad y buena onda, que no sabía si te están agarrando pal hueveo o te lo están diciendo en serio. Me dijo: “Sometimes to write sociological poems” (sic) o sea, alguna vez tú puedes escribir poemas sociológicos. Entonces alguna relación puede haber, que yo creo va más allá de lo que uno a lo mejor piensa.

Bajo tu mirada, ¿cómo definirías la sociología?

Bueno,  la otra vez conversando con un joven sociólogo me dijo: “en la sociología hay dos sociologías, la sociología de las ideologías y la sociología del empresariado”. Yo me quedo con la primera, digamos. La segunda me parece un trabajo menor, aunque claro es una dimensión de la sociología, evidentemente, pero a mí no me interesa mucho. Por otra parte, la sociología, como todas las ciencias humanas está atravesada por grandes visiones de la sociedad, del destino humano, de lo que sea. Es así como todo lo que tengo de sociólogo, o lo que puedo llegar a tener de sociólogo de lo debo, más que nada, a la formación marxista  y no por lo que la sociedad inglesa me haya enseñado. Es cierto que nos pasaban a Marx, pero también a otros autores más iconoclastas del Estado. En ese tiempo los llamábamos basiófalos. A pesar de que fuera una versión muy ofensiva, para nosotros, la represión social estaba en todo el mundo y sobre todo Latinoamérica. Es por eso que me resulta difícil definir la sociología, sin separarla de la ideología.

¿Cómo se miraba a  Latinoamérica en Inglaterra mientras estudiabas?

Bueno, en ese tiempo para los ingleses, Latinoamérica era Perú y bueno, Argentina y Brasil. Todo lo demás les parecía dudoso. No sabían si Bolivia era una ciudad, si Chile quedaba en Sudáfrica. Bueno Venezuela ahora les está sonando a Chávez, hueón. Ya en un nivel más alto, digamos social, fundamentalmente Chile era Pinochet y debe seguir siéndolo hasta ahora. No creo que exista otro paradigma mayor sobre el país. Una vez le dije lo mismo a un izquierdista, se enojó y me dijo: “¡Nooo!” Que el compañero Allende, que Neruda. Le dije: “Si llegan a enterarse quién fue realmente Pinochet, van a llegar a saber quién era Allende y Neruda, y no al revés”.

¿Qué otros autores, además de Marx, te interesaron en sociología?

Bueno, Durkheim… y bueno, hay autores que en ese tiempo eran jóvenes, que estaban empezando. Tony Parker. Bueno, había gente que estaba empezando en esto de los estudios culturales. Había un autor, que no recuerdo su nombre, que escribió “The Sociology of Rock”, que está traducido y todo… aaah y había otro que se llamaba Charles Gillette, como la Gillette de afeitar, que eran sociólogos que estudiaban principalmente problemas culturales y eso me alucinaba. Yo creo que por ahí iba mi interés.

Cuéntanos, ¿qué fue lo que menos te gustó o lo que te desagradó de estudiar sociología?

Lo que menos me gustó fueron los métodos cuantitativos. Estadística. Entendía la necesidad de saberlas, pero si podía hacerles el quite, las hacía a un lado. Tampoco le puse mucho empeño, o sea si la hueá entraba, bien… y si no entraba… claro, me bajaban las notas, entregaba tarde los trabajos… eso. Bueno, y fue por eso que hice mi tesis en algo más cualitativo: “El conflicto entre la cultura autoritaria y la cultura democrática en Chile”. Bueno, y tenía muy poco material, yo creo que igual hice un buen trabajo. No había internet. Eso sí que mirándolo bien a lo lejos, porque no veo, ni leo esa tesis hace como veintidós años. Es una tesis que enfrentaba a dos culturas. Bueno, que siguen enfrentándose hoy en día. O sea, tuve un buen ojo sociológico como para visionar que era un problema, y así poder entender que son dos sistemas culturales distintos. De esa base partí mi análisis de las experiencias culturales de cada uno de esos sistemas.

Bien, pasamos a tu terreno. Considerando de alguna forma tu sociológica manera de crear, ¿es cierto el mito que versa que creas tus obras a partir de objetos que recoges de la calle, relacionándolos directamente con la vida cotidiana de la ciudad?

La verdad es que nunca he sido así. Es verdad que soy súper cachurero, pero son pocas las veces que relaciono lo que recojo en la calle o lo que leo por ahí con mi creación. Cuando llego a las cárceles me llegan avalanchas, aludes de creación, hueón, unos poemas bellísimos y la hueá… pero yo nunca partí de un poema de ellos para hacer un poema yo. Más bien los veía como piedras preciosas, pero distintas a las que yo producía. Lo que estoy tratando, que también tiene algo de sociológico, es fichar y archivar todos esos cachureos y algún día presentarlos en alguna parte. Son como cinco mil papeles y objetos encontrados en las calles de los cuales tengo fichados cuatro mil hasta el momento. Desde carteles de gásfiter, hasta cartas de amor, en eso estoy trabajando. Lo que no te niego es que esos papeles de repente me dan una frase, y ha ocurrido que la meto en alguna canción. Por ejemplo, “El amor escurrido de mi mirada virtual” (lo dice cantando). Amor escurrido lo vi en un papel que estaba tirado en la calle, pero en este momento no recuerdo otra.

Lo otro, es que las cosas de la calle tienen diversos significados. Tiene varios sentidos. El primero y más importante,  es que establecen un vínculo y funcionan como oráculos, y ése de repente lo he usado, o sea o me he sentido usado por el oráculo. Por ejemplo, yo vivía en Inglaterra, cerca de mi polola, que era chilena. Habíamos peleado y decidimos terminar, qué sé yo. Ya era tercera vez que pasábamos por lo mismo y después volvíamos. Bueno, como los dos éramos chilenos, nos hacíamos compañía. Ella era bonita y yo le gustaba a ella. Se daba la cosa, no era que hubiera un interés mayor, nos cuestionábamos, nos apartábamos, etc. En una de esas separaciones, yendo a su casa, había un container de metal, enorme, lleno de cosas y objetos. Porque tú en Londres cuando no pagas por más de dos meses y no te apareces por la casa, le puedes pedir a un juez que bote tus cosas a la calle. Entonces, llegan unos hueones municipales, agarran toda la hueá, lo echan a un container y llega un camión. Se lleva un container con todas las cosas pa botarlas a la basura.  En fin, el container con el que me encontré tenía todas las cosas de una persona. Puta… había libros, cartas, calendarios, tarjetas… estaba todo muy alto. Yo no veía muy bien, lo único que se asomaba era una cartera de mujer, negra. Entonces la tomo, la abro y estaba impeque. El cuero por dentro, el género, todo impecable. En su interior había una tarjetita que tenía escrito: “You take life most seriously”, o sea tú te tomas la vida muy seriamente. Haz más ejercicio, sé menos aprehensivo, sé libre… no sé, disfruta la vida, eran como seis frases, pero me acuerdo de “Keep fit”, mantente en forma… no, “Make more excercise. Keep fit”. En fin, todo el problema que tenía en la cabeza ya no importaba . Si la iba a volver a ver o no, ya no era el problema. El problema era yo, que tenía que ser menos aprehensivo, más libre.

Esa tarjeta es la primera, es un tesoro, la debo haber encontrado en el ochenta y dos. Después de cinco años encontré una carta de un tipo que se quería suicidar, me pareció un documento histórico, arqueológico de la calle. Bueno, también he recogido dibujos de niños, de esos que les dan en el colegio, pero no hay mayor diálogo. Bueno, ya no recojo tanto, y no he ido más allá porque si sigo así me voy a volver más loco de lo que estoy. En ese tiempo recogí algo que creo fue una señal para que dejara de recoger papeles. Ahí como que me descomprimí. Ahora me hago de rogar para recoger un papel.

¿Y qué decía ese papel que hizo que dejaras de recogerlos?

No, no… eso es un secreto…

En los últimos años se ha dado una especie de reivindicación popular urbana, rescatando espacios como La Piojera, El Quita Penas y otros símbolos de la bohemia santiaguina, fundamentalmente arraigadas en lo que hoy conocemos como cultura huachaca.

¿Cuál es tu opinión acerca de dicha cultura y su proliferación?

La otra vez, en una entrevista en Las Últimas Noticias, no sé si la vieron, yo hablaba y daba mi opinión sobre la cultura huachaca y creo que le molestó a mucha gente, porque yo creo que toda esa denominación de la cultura huachaca es algo bastante… Bueno, primero hay que partir que el término lo acuña Pablo Huneeus. O sea, y él lo acuña como sociólogo y como escritor de una manera muy precisa y muy correcta. Como la cultura huachafa, que viene de Perú. Hasta ahí estamos bien, ésa es la cultura “huchaza”, que es la cultura pop. Es decir, todo lo popular es huachaca. En ese sentido, se le hizo toda una re-lectura en la que se dice que la cultura huachaca es la cultura de los huachacas y empiezan con una visión muy paternalista y personalista del pobre. Entiéndase pobres igual borrachitos buena onda. ¡Nooo! ¡Esa hueá me carga! ¡Me carga! La encuentro muy clasista. Es eso lo que yo cuestiono. O sea, la categorización de huachaca por todo lo popular, de los otros, de los pobres, porque no olvidemos que huachaca es un término despectivo y que distorsiona el término inicial.

Comida y trago favorito.

Somos como tonto pa’ la cazuela, somos como malo pa’ los asaos (lo dice cantando). Las cazuelas y los asados me encantan. Los ostiones a la parmesana, la comida hindú en general. El pollo tanduri, el curry, lentejas al curry con arroz blanco …uuuuh, demencial. La comida griega también me gusta mucho, la japonesa en general, la comida en general.

¿Tragos? Hmmm… estoy tratando de desintoxicarme un poco. Estoy tomando una suerte de distancia con el copete, pero algo así como natural, nada muy forzado. Por ejemplo, si estoy con mi mujer una botellita de vino, un Carmen Margaux, ya. Si tuve un problema muy grave y estoy tenso, ya… un par de ron o un whisky pa’ dormir piolita. Y si la banda sale temprano y quieren ir a tomarse algo, bueno nos tomamos algo; pero es algo esporádico. Como que ya me aburrí de tanto copete. Y bueno, en celebraciones un vodka con orange, es lo mejor.

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