¿Condiciones para la perversión? La cárcel como lugar de castigo, trauma y desresponsabilización. IV Parte.

Diapos, Escritos, Infancia y Niñez — By on noviembre 23, 2013 at 10:50
                                                                                                                                      Por Claudia Hernández del Solar

 

Ésta es la última parte de una serie de 4 artículos. Ve la primera acá, la segunda acá y la tercera acá.

 

Este cuarto y último escrito tiene por intención presentar ciertas conclusiones preliminares a través de un paralelo entre los diferentes relatos publicados, para así poder pensar cómo se van intrincando estas diferentes historias. Me costó escribir cada una de ellas: el impacto de lo que escuché, de las imágenes que me armé, de las historias mínimas que como máximas hacen realidad, no son fáciles de digerir. La pregunta por la historia de un lugar, me llevaba a la pregunta del valor de la historia y la memoria. Creo que esta importancia radica, en la posibilidad de dejar de repetirla.

Me es preciso aclarar un punto; los relatos que he escuchado han sido múltiples. Será una construcción realizada a partir de todos ellos lo que les contaré a continuación. Desde dentro y desde fuera de estos espacios, los sujetos que con estos lugares se han vinculado tienen algo que decir. Desde los jóvenes mismos hasta el Sr. Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, con quien un día recorrí parte de las dependencias del CIP-CRC (Centro de Internación Provisoria y Centro de Reclusión Cerrado) San Joaquín[1] (ex 3 y 4 Álamos).

Partiendo desde el principio: ¿cómo es posible que un lugar que fue usado como centro de detención, tortura, exterminio y desaparición sea usado hoy como una prisión para jóvenes?

Después de casi tres meses de investigación no logré hacer la posta del lugar. No me quedó claro si antes de pasar a manos de Carabineros y la DINA en 1974, era un lugar usado por monjas o monjes. Algo sí es concluyente, y es que antes tuvo de huéspedes a niños/as. Pareciera ser que desde la década del 40 las monjas/es se hacían cargo de recibir a los niños/as de la calle, con comedores abiertos y siendo una especie de “internado”. Tal cómo ha ocurrido a través de la historia de la infancia en nuestro país y su “protección”, las/os religiosas/os no dieron a basto, debiendo incorporar “civiles” que les ayudasen en su labor, mientras ellas/os seguían viviendo en la casona roja (3 Álamos ayer, oficinas administrativas del CIP-CRC hoy). El golpe de Estado hace que mágicamente se disminuyan los niños en situación de calle ¿dónde fueron a parar esos niños y niñas de aquella época?, ¿Qué ocurría con las “caletas”[2] durante los toques de queda? Preguntas sin respuestas.

IMG_3614

El año 74 los niños, niñas, funcionarios y monjas-monjes salen de ese lugar y hasta aproximadamente 1978 ese espacio recibe a las FFAA, la DINA y a los prisioneros políticos de la época. Al parecer, estuvo sin moradores por unos dos años; tiempo suficiente, donde es posible hipotetizar, que se hizo un “barrido” de los vestigios de lo allí ocurrido, el cual no fue del todo exhaustivo, ya que se han encontrado allí osamentas y carnet de identidad con fechas de aquel entonces[3]. Antes de ser CIP-CRC San Joaquín fue COD (Centro de Orientación y Derivación) Arrayán, al parecer desde la década de los noventa, tiempo donde el espacio acogía nuevamente a niños y niñas, que aún no se encontraban bajo la figura legal de la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente, comienza a cristalizarse su real intención: ser una cárcel para jóvenes.

En términos de infraestructura, no mucho ha cambiado. Haciendo un paralelo entre los mapas del lugar hoy y hace 40 años atrás se cementó el terreno, se hicieron nuevas construcciones, pero las antiguas se siguieron utilizando. Solo el pabellón que fue utilizado por las mujeres prisioneras políticas ya no existe.

Entre los cambios, llama enorme y terroríficamente la atención, que en la esquina nor-poniente del recinto, donde en los años de la Dictadura se realizaban las ejecuciones, se construyó una capilla, que actualmente no funciona como tal, pero en cuyas mamparas están las celdas de castigo. Dicho en otras palabras, allí donde se exterminaba, hoy los jóvenes son castigados. Se replica el karma de un espacio.

La ley hoy estipula, que cuando un joven se “descompensa”, debe pasar a segregación, lo cual implica que toda vez que alguna reacción o acción del joven se vuelva incontrolable y/o “castigable”, debe ser separado de sus compañeros y aislado por no más de seis horas. Sin embargo, los jóvenes terminan allí maltratados, encerrados, aislados y desnudos (ante el riesgo de intentos de suicidio) durante días.

Honestamente, no pensé nunca encontrarme con lo que me encontré: yo que había ya transitado por los senderos del sistema de protección y sus barbaridades, no imaginaba que podía ser peor. El sistema penitenciario juvenil es aún más siniestro. El sistema penitenciario está enfermo, es perverso y genera una especie de laberinto sin salida. Antes de poder describir dicho sistema, me parece pertinente detenerme en el punto de partida: ¿qué se debe hacer con este espacio? ¿Por qué debiese recuperarse? Me parece que lo que argumenta Ricardo Ventura es elocuente: para que el “nunca más” sea real, debe primero haber justicia y erradicar la impunidad, sumado a consagrar estos sitios como espacios de encuentro y reflexión, por donde ha de pasar una comunidad que en su tránsito acredite saber lo que allí ocurrió. Así como las FFAA alemanas rinden pleitesía y dejan ofrendas florales en los centros de exterminios, la campana de Ricardo debe ser tocada por todos y todas como compromiso de ese “nunca más”. Para recuperar la dignidad humana y también la dignidad del pueblo, como decía Adolfo Perez Esquivel. Dignidad que le habían arrebatado los “dinos” a los prisioneros en este lugar.

IMG_3611

Sin olvidarnos de la historia de este lugar, la atención ahora recae sobre el funcionamiento actual de este recinto. Y no solo de éste, sino que de todo el sistema privativo de libertad de los jóvenes en nuestro país.

¿Quiénes son los jóvenes que allí llegan? Niños mayores de 14 años que han transgredido el orden social según la ley 20.084 (Ley de Responsabilidad Penal Adolescente) ¿De quiénes estamos hablando? Lo pregunto porque no son cualquiera. Son aquéllos que tuvieron la mala suerte de nacer donde nacieron: no de otros padres ni de otra geografía, sino que de otro lugar social. Jóvenes como J y C quienes han entrado a un sistema que está lejos de cumplir con el objetivo de los famosos “Re”: re-habilitación y re-inserción -como si las habilitaciones se hubiesen perdido o como si alguna vez hayan estado insertos-, sino que por el contrario acrecientan y multiplican los delitos.

Desde el año 2006 a la fecha, se ha ido cumpliendo aquello que los funcionarios de SENAME, sus trabajadores y agrupaciones sindicales preveían iba a ocurrir: el modelo mixto público-privado no funciona[4]. Encerrar a estos jóvenes en estas condiciones no funciona. La fragmentación del sistema en pequeños programas co-dependientes de SENAME y de privados, no logra una sincronía que les permita una real regulación. Por el contrario el escenario es el siguiente:

Partiendo por las “casas”. Significante utilizado para denominar a los espacios donde se acoge a un número diverso de jóvenes ordenados y distribuidos en términos de “peligrosidad”: los de buena conducta y/o primerizos en una “casa” (como la 1, 2 y 3 del CIP-CRC San Joaquín y ex 4 Álamos), y aquéllos con cargos de homicidio y “mal portados” en otras. “Casas” con aproximadamente 30 jóvenes a cargo de unos pocos “tíos”; significante usado para cualquier otro que no sea el padre, cualquier otro que no tiene nombre claro y, bajo el cual, en pleno anonimato institucional, recae el poder.

Se me viene a la cabeza la madre de J, que quería saber quién había sido la “tía” que abrió las puertas de la celda y permitió que le robaran la ropa a su hijo, o el “tío” que golpeó a un joven dentro del CIP-CRC San Joaquín que no pudo ser denunciado porque era solo una la acusación. Casi pintoresco es que frente a la entrada del CIP-CRC San Joaquín, el almacén que allí se encuentra se llama “El Tío”. “Tíos” a cargo de estas casas con permanencia rotativa de acuerdo a los turnos de trabajo. “Tíos” que son los llamados formalmente como cuidadores de trato directo, pocos tienen especialización en el trabajo con jóvenes, y cuyo sueldo base, requiere ser aumentado mediante horas extras y “bonos”. ¿Pero cuál es el costo de este bono? Trabajos de doble turno, hasta de 36 horas seguidas con al responsabilidad de “cuidar” a los jóvenes a su cargo. Funcionarios, partes de la estructura, que finalmente caen en la ilusión del ascenso mediante la adquisición de dinero, caen en el juego de la codicia, como decía la madre de J. Funcionarios dependientes de SENAME, de los proyectos privados y de gendarmería que terminan viéndose involucrados en un sistema en el que es difícil subsistir.

IMG_3645

Dentro de estos centros se busca trabajar con los jóvenes privados de libertad en diferentes aspectos: tratamientos de rehabilitación de drogas, (realizados por programas externos) y talleres de diferentes oficios y educación marcan a grandes rasgos las actividades que se realizan allí dentro. Sin embargo nada llega a puerto.

Los tratamientos de rehabilitación, en la mayoría de los casos traen consigo la medicalización de los jóvenes, ya sea por el mismo consumo o por las supuestas psicopatologías diagnosticadas a la base. Junto a los medicamentos, se le suma el consumo de drogas ilícitas y alcohol. ¿Cómo ocurre esto? Existe tráfico al interior de las cárceles, tráfico que no es propiciado únicamente por las familias que logran zafar del minucioso procedimiento de revisión realizado por funcionarios de Gendarmería. Como relató la Sra. D, al ingreso se les somete al vejamen que significa que se les revise hasta el ano a las madres de los jóvenes ¿Cómo entran entonces los celulares, la marihuana prensada, la pasta base, la cocaína, el alcohol?

Las familias son testigos de los resultados de las relaciones que se están estableciendo con sus hijos: la agresión y la violencia es transversal, ocurre entre los mismos compañeros y ocurre por parte de los funcionarios. Las familias no saben dónde dirigirse, con las familias nada se hace. Tanto los padres de J como los de C aseguraron la ausencia de toda intervención con ellos. Entendiendo que contestar cada una de las preguntas que hace la madre de J a la trabajadora social, no puede ser llamada una intervención; ya que la mirada no está puesta sobre ella, a ella solo se le informa lo que se hace o no con su hijo, con suerte. En otras circunstancias, deliberadamente se les miente. Insólito y usual es que exista un plan de intervención con un diagnóstico ya realizado sin entrevista alguna. Probablemente se basó en los informes anteriores, así como los abogados también terminan viendo éstos, como sus casos. En papeles, sin caras, sin miradas, con números. Pura burocracia.

La única forma de hacerse escuchar es con coraje, como la mamá de J denunciando su experiencia frente a un montón de gente en un “acto para madres” con autoridades presentes, o como el padre de C que amenaza con llamar a la prensa para obtener información de su hijo. A la madre de J, de igual modo, nadie la escuchó. Pero al padre de C le abrieron las puertas para que fuera a ver a su hijo “castigado”. Sin embargo, la tónica es que finalmente gran parte de las familias padecen de falta y tergiversación de la información, donde solo una amenaza de vuelta puede lograr algo más.

Por otra parte, las condiciones actuales de los jóvenes, sobretodo en el centro de Til Til son pésimas, la celda individual con baño que en octubre de 2012 se proyectaba en este fabuloso centro en construcción[5], sin duda que no existe. El mobiliario está destrozado. No hay siquiera segregación por la dimensión y complejidad del delito, por ejemplo en Til Til a los “castigados” los juntan.

Volviendo a la pregunta, ¿cómo puede pasar esto? Pareciera que las dinámicas tienen el ritmo preciso para poder dejar de ver. Las supervisiones de SENAME y del sistema de Justicia con su aviso anticipado, deja un tiempo en donde las escenas pueden alterarse para que otros no vean lo que real y cotidianamente ocurre en esos rincones donde la cámara de vigilancia no ve. Aquello que se escucha, aquello que se sabe, pero que no ha sido visto.

Se hace la “vista gorda” porque se teme ser testigo, ya que las consecuencias de revelarlo pueden ser peores. Para todos, no solo para quienes ocultan la información de los hechos, porque al final, el que siempre-siempre paga, es el niño. En ese rincón sin miradas, los otros compañeros le enseñan cómo son las reglas del lugar, como lo hicieron con J, a quien acercaron por primera vez a una lanza y una punta; o como cuando la denuncia de una madre ante el maltrato de funcionarios no basta siquiera para iniciar un juicio, porque además no vale la pena seguir las causas legales, dado que si llegase a darse curso, sin la declaración de la víctima no hay causa que abrir.Y ahí, yacen los silencios. Ahí ellos, los jóvenes, sin duda prefieren callar. Mejor dicho, no pueden hacer otra cosa. No hay recursos que los ayuden a decir.  O las palabras son muy fuertes para sus destrozadas madres, o simplemente no hay a quien contárselas. Hablar trae consecuencias. Sin duda, cualquier otro que quiera allí aparecer a escuchar, será expulsado, impedido. Para un joven dañado, ¿cómo el otro va a tener valor si él mismo no lo tiene? ¿Cómo puede respetar a otro si no se le respeta? ¿Si lo que se muestra es el infierno en la tierra? Decía que siempre paga el niño, el joven, en tanto quien ha de cuidarlo es, a la vez, también maltratado.

Los equipos de trato directo y de profesionales están cansados, están siendo más que descuidados. Las dinámicas de poder dentro de estos centros en muchos casos están dadas por las antigüedades de los funcionarios, no por el cargo ni el grado. La mayoría termina siendo testigo de un sistema donde el que intenta ponerse del lado del joven es mal mirado y sospechoso de constituirse como “sapo”, lo que implicaría una pronta carta azul o al menos dejar de aspirar a un puesto mejor que el que tiene. Ante esto mejor guardar silencio, y seguir haciendo “check” en las estadísticas tan positivamente presentadas. Prestando los nombres de las listas para acá y para allá porque de ello depende la subvención de los recintos. Así me explico por qué J fue a parar a Til Til y no al CRC de Santiago, como estaba planificado: en Til Til por ejemplo, no hay más de 100 jóvenes, y su capacidad es para 200, habiendo sido pensada para 300[6]. Así me explico que por el valor de un “check” en una estadística, un joven de 14 años por robarse un celular puede fácilmente terminar allí, condenado a 4 o más años de prisión. O peor aún, los funcionarios que han echo uso de lo que la estructura institucional permite, llevando a cabo acciones perversas, con suerte terminan siendo sumariados, en un proceso de investigación que dura años y que mientras se realiza solo se le traslada de institución y/o función. Un sistema que funciona a enroque. O bien aquellos que son dependientes de privados, son regidos por el Código del Trabajo, donde los deberes, derechos y sanciones corren por otro carril. Cabe destacar además que la aplicación de la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente ha permitido que exista una convivencia entre jóvenes y adultos: aquéllos que cumplen largas condenas de delitos cometidos siendo menores de edad, provocando que la población real actual sea entre los 14 años y los 28 años en los casos más extremos.

Esta forma de perpetuar y mantener el sistema agota cualquier tipo de calidad humana, las licencias médicas abundan. La gente dentro de los sistemas privativos se disocia. Disocia lo que es real de lo que debiese ser y de lo que se permite -a través del silencio- que siga ocurriendo, ya que existen ciertas formas diplomáticas de marcar que de seguir por la senda de lo correcto, puedes terminar fuera del camino. El “elefante blanco” maltrata a sus funcionarios y éstos, a consecuencia, replican. El “elefante blanco” no está solamente en Til Til, que es hoy humanamente un ghetto donde mandan “los cabros”; es el SENAME completo atravesado por la lógica de privatización que se hace cargo hoy de los niños, niñas y jóvenes de nuestro país.

motin en til til

No se trata de poner más cámaras de vigilancia, se trata de quienes allí, como adultos, los acompañan. Esos “tíos”, ¿cómo es que los cuidan? Insistentemente la madre de J le preguntaba eso a su hijo. Porque son niños aún, caben dentro de la definición de niño dada por la CIDN[7], al ser menores de 18 años. Sin embargo, según la división de la estructura de SENAME, estos niños quedan fuera de la lógica de protección. SENAME se divide en tres departamentos, que como tales, funcionan escindidamente: departamento de adopción, departamento de protección y departamento de infractores de ley. Los niños criminalizados pierden sus derechos. Literalmente se les roba todo, como le ocurre a J con sus pertenencias; como cuando lo llevan sentado y engrillado de vuelta al Centro con 5 horas de postoperatorio por el hecho de estar condenado. Como cuando abren las puertas y entran los compañeros a apuñalarlos, como…

Y así, paulatinamente, van callando por temor a las represalias. Si hablan, allanan la casa, trayendo malos tratos, no solo para él, sino que también a sus compañeros. Es más, a veces son los mismos funcionarios los que “los tiran a la parrilla” al contarles a los otros jóvenes que “este habló”. ¿Cómo esperar hacer algo por la “reparación” con ellos si deben dormir con los ojos abiertos porque cualquiera puede hacerle cualquier cosa? ¿Cómo si no hay ninguna protección? ¿Cómo hacemos para que pueda trabajar su propia historia de vida para hacer algo distinto con ella? ¿Se dan cuenta de lo que estamos generando?

No existe una dimensión real del daño al que se está sometiendo a otra generación de jóvenes, que también ha sido marcada por la misma pauta de repetición; lo traumático y el silencio. Todo esto está siendo invisibilizado. Se está generando a la vez una escalada cualitativa en los delitos y su reincidencia: robar en un supermercado, después un asalto, robo con sorpresa, robo con violencia, y de ahí para arriba. Con ello, una escalada en las condenas, partiendo por la ecuación robo de celular = 8 años de presidio que pidió un Fiscal. Para estos jóvenes, actualmente “salir en la tele”, que hablen de ellos, es un logro, una ilusión, un status imaginario en la sociedad del espectáculo.

Lo que se está intentando hacer es reparar desde un sistema coercitivo, desde la expulsión social, desde la lógica de la exclusión. Lógica que permite la existencia de prejuicios camuflados en conceptos técnicos que los validan. Metiendo así a todos en un mismo saco. En un informe no cabe la historia particular, menos si es preciso estar constantemente rotulándolos en conceptos como “padres laxos”, “inhábiles”, ubicándolos inmediatamente como factores de riesgo. El punto es que a consecuencia, los abogados y jueces creen en esos informes, sin entender el fondo del asunto. Sin entender el contexto, sin entender los códigos culturales. Así no se puede trabajar en lo que se le denomina “reinserción social”, porque implica insertarlos a una forma cultural que no les pertenece, que los somete y segrega. El modelo actual, con sus leyes e instituciones no comprende por qué el delito es válido para ellos. No quiere comprenderlo, porque esto implicaría abortar los proyecto de diez cárceles como éstas[8],  y asumir que se necesitan más profesionales y técnicos bien tratados. Por el contrario, se creyó en la privatización de los programas, y se fragmentaron los proyectos (PIB, PIE, PLA, PLAES, etc): oficinas distintas, equipos distintos sin contacto los unos con los otros, “comunicados” a través de la lectura de las Sugerencias que redacta cada cual en su escritorio, en la neurosis burocrática del cumplimiento a la norma. Así entonces, se logra disgregar una red y, con ésta, al sujeto mismo.

Se imparten, por ejemplo, los talleres de “peluches”[9]. ¿Qué hace el joven con ese nuevo conocimiento? ¿Lo va a salir a vender a la feria? Tal vez lo termine llenando con droga para subirle el precio. O Talleres Educativos, como uno de Literatura. Sin embargo, distinto es hacer un taller de literatura que hacer uno de narrativa. Distinto es saber quién es y qué escribió Kafka a tener el recurso de narrar lo que ocurre en tu propia esquina. No se trata tampoco de tener satisfechas “necesidades básicas” como en el CIP-CRC San Joaquín donde hay lavandería, cocina, piscina, cancha de fútbol, salas de juegos, y cada dormitorio tiene su televisor con TV cable. Esto no es “reparación”, esto no es “re-habilitación”. El dinero se va a los materiales, no al recurso humano.

Por el contrario, la “reinserción” pasa por un vínculo que se presta ahí para que lo soporte. Que soporte con él el camino que la “justicia” le hace recorrer. Y lo que ocurre, es exactamente lo contrario, prima la desvinculación, desde que se les separa de sus familias prima la violencia y la desconfianza con el otro. Ésa es una gran diferencia con la experiencia que relata Ricardo Ventura como prisionero en 3 y 4 Álamos: si bien conoció allí las expresiones más abyectas de lo humano,  también vivió el compañerismo, la fraternidad, la lealtad y el cuidado del otro.

Dos aspectos más antes de terminar: los médicos y el poder judicial. Los primeros, personalmente y en conjunto con su sistema son también testigos. Son los “cómplices pasivos”. En Dictadura la presencia de estos profesionales durante las torturas,  las legitimaban al marcar la intensidad que  un cuerpo era o no capaz de soportar. En la actualidad quien opera a J lo deja irse a las horas después sin más, ya que un acta de Tribunal se lo ordena y porque es “un niño condenado”. Y así también, como todo el resto, obedece. Como cuando C es trasladado al hospital con “pérdida de consciencia” y es llevado de regreso a las pocas horas, aislándolo incluso de su familia que clamaba por saber de él.

Con los jueces, lo mismo. Los representantes de la Justicia que también “falla”. Falla en sus dos acepciones: en la sentencia y su consecuente condena, y “falla” porque no hace justicia. No se hace justicia porque son los abogados, fiscales y jueces los que ponen en cada fallo su propia manera de pensar al otro. Cada uno de ellos pone también en juego su ética con la Ley. ¿Qué pensó este Fiscal y este Magistrado al mandar a J a una condena de cuatro años lejos de su hija, pareja, madre, padre, trabajo y terapia de rehabilitación?

¿De quién entonces es la trasgresión? “Está toda mala la justicia”. Sin duda Sra E.


Ésta es la cuarta parte de una serie de 4 artículos. Ve la primera acá, la segunda acá y la tercera acá.
[1]           Ver: http://www.g80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=18639

[2]           Lugares comunes (por lo general bajo los puentes) donde vagabundos, o niños y niñas y jóvenes pasan sus días a la intemperie construyendo un espacio de estadía desprovisto de la mayoría de las necesidades básicas.

[3]           Este evento es descrito por Javier Rebolledo en la primera página de su libro “El despertar de los cuervos” (2013). Ceibo Ediciones.

[4]           Declaración Asociación Nacional de Funcionarios de SENAME (AFUSE) Marzo 2013. Ver en: http://www.afuse.cl/?p=28

Maltrato Infantil en el SENAME (Segunda Parte): Funcionarios acusan al SENAME. Enero 2013. Ver en: http://noticias.rastro.com/?p=8257

Til Til: Motín en centro de SENAME. Abril 2013. Ver en: http://publicacionrefractario.wordpress.com/2013/04/12/til-til-motin-en-centro-de-sename/

[7]           Convención Internacional de Derechos del Niño.

[8]          Cabe destacar que Til Til, es el “primero de diez centros de alto estándar que serán construidos y puestos en marcha por el Ministerio de Justicia y el Servicio Nacional de Menores, con la finalidad de internar a los adolescentes infractores de la Ley Penal”. Ver en: http://compraspublicas.cl/noticias/1194

[9]          El “Peluche” me hace recordar las Bases Técnicas publicadas en Agosto de 2011 para el Programa de Intervención con Niños/as Institucionalizados y su preparación para la integración a familia alternativa  a la de origen (PRI), donde buscando la “autorregulación” del niño/a  sugieren como intervención técnica que el niño/a contase siempre con un peluche/muñeco: “La idea es que el niño  pueda comprender y tener la posilidad de recurrir a su muñeco y peluche (pudiendo abrazarlo y tranquilizarse con éste) cuando se encuentre estresado y no exista adulto responsable capaz de o disponible para contenerlo en ese momento”. (En http://www.sename.cl/wsename/licitaciones/p12_19-07-2011/bases_tecnicas_PRI%2029-08-2011.pdf Pág. 11)

Sugiero revisar: http://infanciaypolitica.wordpress.com/category/infancia-institucionalizacion-y-sistema-proteccional/

Tags: , , , ,

1 comentario

  1. miguel dice:

    Buena discusión, me gustaría contactarme contigo si puedes enviarme aLgun correo de contacto

Leave a Comment