Comentarios en torno al caso GlaxoSmithKline: Médicos, fármacos y dinero.

Breves, Diapos, Seguridad y Vigilancia — By on noviembre 22, 2012 at 07:18

 

Por Cristian Busta

En Julio de este año, el gobierno de Estados Unidos, luego de una investigación llevaba a cabo por la FDA(Food and Drug Administration, ente regulador gubernamental encargado de fiscalizar los alimentos y los medicamentos en Estados Unidos) decidió multar con 3.000 millones de dólares a la empresa farmacéutica británica GlaxoSmithKline bajo los cargos de “promoción ilegal de medicamentos, no revelar información relacionada con la seguridad de dichos medicamentos, y declaraciones de precios engañosas”. De acuerdo a varias fuentes noticiosas, la farmacéutica se declaró culpable de hacer promoción engañosa de ciertos fármacos, de emitir declaraciones engañosas sobre el precio y la eficacia de los medicamentos y de no tener en cuenta estudios que demuestran la ineficacia de los fármacos. Específicamente, los medicamentos involucrados serían tres (todos de amplia venta en Chile):

–          Paxil, que se promocionaba como antidepresivo para niños, cuando nunca había sido aprobado como tal por las autoridades sanitarias.

–          Avandia, medicamento antidiabético que se promocionaba sin alertar sobre sus efectos secundarios.

–          Wellbutrin, fármaco utilizado para tratar la depresión severa que se publicitó como un medicamento “para estar más delgado o tener más relaciones sexuales”.

Asociado a lo anterior, la empresa reconoció prácticas ilegales de promoción de sus medicamentos en las que instaba a los médicos a prescribir sus fármacos a cambio de vacaciones en Hawai, cacerías de faisanes en Europa, o entradas VIP a recitales.

Luego de leer esta noticia, inevitablemente me surgen las siguientes dudas:

¿Estos hechos ocurren en nuestro país? De ser así ¿son éstos, hechos aislados, o son una práctica frecuente en la industria farmacéutica?, ¿existe una real voluntad de fiscalización de estos hechos por parte de nuestras autoridades?, ¿tenemos en Chile un marco jurídico-legal que permita investigar en serio y eventualmente sancionar la ocurrencia de hechos de esta índole? ¿por qué no se la ha dado difusión a esta noticia en Chile, considerando que acá los medicamentos involucrados gozan de grandes ventas? (me consta que en Estados Unidos y Europa el tema fue ampliamente debatido y comentado en diversos medios de opinión).

Más allá de si los medicamentos sirven o no sirven, de si es bueno o malo tomar pastillas como respuesta a alguna dolencia, creo que estamos frente a un problema mayor, justamente en el momento en que la problemática de la salud, a partir de las diversas instancias involucradas en ella (profesionales, instituciones fiscalizadoras, empresas proveedoras de insumos y medicamentos), comienza a ser entendida desde una cierta lógica en la que, bajo la apariencia de lo políticamente correcto y las buenas intenciones, se desdeña la reflexión crítica que introduce la valoración ética de los actos médicos bajo el supuesto de que aquello técnicamente posible es además, moralmente admisible. Me parece que esto permitiría que diversos intereses corporativos hagan uso (y abuso) del discurso biomédico, dado su carácter de paradigma hegemónico en el campo de la medicina, con el fin de hacer valer y sustentar bajo un halo de cientificismo aquello que desean demostrar.

Específicamente en el ámbito de la salud mental, es posible reconocer un conjunto de prácticas que, avaladas bajo una serie de cifras estadísticas y de criterios biológicos de normalidad y enfermedad, buscan reducir a las leyes de la biología la conducta del sujeto humano en general, generando con ello diversas consecuencias éticas tanto para el profesional como para el paciente, que en la mayoría de los casos pasan desapercibidas al darse como situaciones “obvias”. Así, asistimos a una especie de circuito de intervenciones que a groso modo, podría esquematizarse de la siguiente forma: 1) la creciente patologización de diversas situaciones de la vida cotidiana que muchas veces, aunque dolorosas, son parte del drama propio de la existencia de cada uno; 2) la clasificación de dichas situaciones en criterios diagnósticos homogéneos que se toman como entidades naturales (olvidándose su condición de constructos teóricos hipotéticos) carentes de cualquier consideración a la singularidad y el sentido que dichas situaciones tienen en la vida específica de ese paciente, y 3) el tratamiento de dichas situaciones, a veces luego de una sugestión más o menos explícita por parte de algún profesional de la salud mental, mediante alguna forma de intervención que se ajuste al punto 1 y 2.

Dado este estado de las cosas, uno podría suponer la existencia de diversos dilemas éticos a los que estarían expuestos diariamente los profesionales de la salud mental, en el hecho de tener que confrontar su práctica con innumerables pacientes que, bajo diferentes rótulos diagnósticos, esconden historias singulares que interrogan, que problematizan, y que por lo mismo incomodan y cuestionan sus modos de intervenir. Y es justamente esta discusión la que se rehúye en pos de intereses personales, institucionales, políticos o económicos, propios de las diferentes entidades involucradas en la problemática de la salud. De este modo, enfundados en la comodidad de la premisa de que aquello técnicamente posible es además per sé moralmente aceptable, dichos dilemas éticos simplemente se dejan pasar, no se cuestionan, y en general, nadie se hace responsable de las consecuencias que este modo de intervenir produce.

Es este escenario, en definitiva, el caldo de cultivo perfecto para que ocurran situaciones como las que se describen en torno al laboratorio GlaxoSmithKline, en el que, más allá de las malas prácticas propiciadas por los ejecutivos del laboratorio (cuyo rol no es velar por la salud de los pacientes, sino maximizar las ganancias de la empresa), es llamativa la complicidad de los diferentes agentes involucrados en dichas prácticas, agentes de los que quizás ingenuamente uno podría haber esperado que, si no hubieran rehuido la reflexión respecto de las consecuencias éticas asociadas a su práctica, hubiesen velado por intereses un poco más nobles que ir de vacaciones a Hawai o acceder a invitaciones VIP para recitales.

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1 comentario

  1. En Chile el ejemplo de las AFP, de entender la salud, la producción de medicamentos y la educación como bienes de consumo para de esa manera reafirmar la idea del libertinaje del mercado y de su falso automatismo, son ejemplos bastante claros de la ineficacia e irracionalidad del neoliberalismo y de sus teorías monetaristas e individualistas, etc.

    Es importante insistir en que el automatismo del mercado es un mito porque éste no se autoregula. De hecho, el sector público a través de los gobiernos neoliberales todo el tiempo interviene en la economía. El problema es que siempre lo hace en favor de la patronal: cuando se trata de defender los intereses de la élite aplican el intervencionismo pero inmediatamente se olvidan de él cuando se busca satisfacer las demandas del pueblo. Es ahí cuando nos insisten en el “dejar hacer”, en la “mano invisible” de Adam Smith y en otras medidas históricamente fracasadas.

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