« CHARITY BUSINESS ». La Teletón y el negocio de la caridad.

Escritos, Infancia y Niñez, Seguridad y Vigilancia — By on diciembre 5, 2011 at 04:37

Por Dante Bravo

«Charity-business » es una expresión de la lengua inglesa,  pero curiosamente mucho más utilizada en Francia, en Italia y en España que en los países anglosajones (1). Esta expresión adopta sentidos diferentes, dependiendo de los lugares y de las actividades ejercidas por sus diversas estructuras. Podríamos traducirla, en su acepción más amplia  como, “la caridad como un negocio” o “la caridad espectáculo”.

Esta versión moderna de la caridad encuentra sus raíces en la caridad cristiana. Encontramos trazas de este concepto ya en el Nuevo Testamento. En la primera Epístola de Juan el apóstol “Deus Caritas Est,  «Dios es amor» y más tarde en la primera encíclica del papa Benedicto  XVI.

En efecto, desde la edad media, la iglesia católica con una implantación muy fuerte en Europa y, sobretodo en Francia, insta a sus párrocos seglares, a sus fraternidades religiosas y a sus feligreses a abrir hospicios y talleres de inserción para los pobres e indigentes.

En Francia, para el triunfo de la Revolución, se proclama la ley del 7 Frimario del año 5 (27 noviembre 1796), que provoca la disolución de hospicios de caridad y oficinas de beneficencia. Los revolucionarios pensaban que la problemática de la pobreza y la exclusión era un asunto del Estado, es decir de todos los ciudadanos. Ante la caridad religiosa, los revolucionarios franceses opusieron “la solidaridad republicana”.

El concordato de 1801, entre Napoleón y la iglesia católica, va a restablecer parcialmente las obras de beneficencia religiosas. Pasando a través de los hoyitos de la red “revolucionaria” y fluctuando entre diversos regímenes europeos, la caridad religiosa se mantuvo en este statu quo hasta los tiempos modernos.

A  partir de los años 1960 y 1970 esta caridad comienza a tomar un cariz un poco diferente. Ella debe amoldarse a los nuevos intercambios socioeconómicos y geopolíticos del planeta. El mundo comienza a percibir y a tener conciencia, gracias al avance de medios de comunicación televisuales,  de zonas siniestradas, de pueblos destruidos, de hambrunas terribles, de catástrofes humanas ligadas a conflictos o a fenómenos del medio ambiente. La caridad toma estatura internacional. Será el “boom” de las famosas O.N.G. prestando servicio humanitario a lo ancho del planeta.

Las causas son internacionales, globalización obliga, y comienzan a aparecer diferentes y diversas campañas. No todas se consagran al ser humano, algunas tratan de salvar la fauna (ballenas bebé, focas o pandas), otras el medio ambiente (el mato grosso, los glaciales, la capa de Ozono). Las campañas dedicadas a la ayuda humanitaria son planetarias y son sostenidas por grandes artistas y empresas transnacionales. Comienza la serie de discos y movilización por la hambruna en Bangladesh o en Etiopía.

A partir de los años 70 las campañas se diversifican, y encontramos, aparte de las campañas gigantes por las catástrofes naturales y las movilizaciones ecológicas, las campañas políticas de denunciación. Campañas contra la tortura, contra los dictadores, campañas por la libertad de expresión, por los desaparecidos, etc. Dentro de la exclusión una movilización comenzó a tomar importancia dentro de la caridad: los minusválidos. Con el tiempo ellos serán el fondo de comercio de vedettes del espectáculo y de grandes empresas.

Efectivamente. El hándicap llegó a ser casi la criatura y la caricatura de la “Charity business”. Por esa vía, se iba a generar una empresa gigantesca que concierne hoy día a muchos países en el mundo. Lo que nosotros, simples mortales, podemos percibir de este business (en fin… lo que nos dejan ver) es sólo la punta del iceberg.

Todo esto comienza hace unos 60 años atrás, pero la fecha faro se sitúa en 1966, cuando Jerry Lewis, actor y cómico norteamericano, modificó e impuso una manera diferente de hacer caridad.  Su formato “caritativo show-business”  fue copiado y re-copiado en el mundo entero, lo que hizo acuñar el controvertido termino de “Charity business”. De ahí en adelante, en Estados Unidos, la caridad iría unida al espectáculo, a la promoción, a la industria y a la ganancia de grandes sumas de dinero. Pero en realidad no fue Jerry Lewis ni la WGR-TV que crearon este evento. La Teletón más antigua que se conoce en Estados Unidos fue la realizada en Wisconsin por la WBAY-T, en 1954, en beneficio de los “enfermos motores cerebrales”. Jerry Lewis tan  sólo representó, quizás sin darse cuenta, la introducción de tres lógicas nuevas en el dominio de la Caridad, a partir de 1966:

·      Hacer de la caridad un espectáculo: Esto significa, buscar un elemento motor (una causa), un conductor vedette (Jerry Lewis), invitados de marca (Dean Martin, Sammy Davis, Joan Crawford)  y captar el máximo de público posible para producir “rating”. Lentamente se fueron dando cuenta que el valor agregado promocional de un artista que se producía en la Teletón aumentaba considerablemente. A algunos eso les significó un trampolín artístico, a otros un relance de sus carreras artísticas. La causa que reunía a toda esa gente pasaba a segundo plano y eran los artistas vedettes que sacaban los más grandes beneficios.

      Un ejemplo concreto de todo esto, es un sondeo hecho por la NBC en 1980 en Estados Unidos sobre la “representación” que tenía la teletón en el imaginario social. Una gran mayoría respondió  que para ellos la Teletón estaba asociada a Jerry Lewis. Un porcentaje ínfimo respondió que la Teletón estaba asociada a la distrofia muscular.

      Cuando todo el mundo se dio cuenta de los beneficios que podría acarrear un espectáculo de esta envergadura, todos quisieron participar en esta maratón televisiva.

·      Hacer ganancias con la adversidad ajena: Las industrias, cuando se dieron cuenta de la promoción que un evento de este tipo significaba, se asociaron a tal “noble empresa” y buscaron todos los medios para constituirse en “partners” de esta pujante organización. Aquéllos que lo lograron, obtuvieron jugosas ganancias y se dijeron que la causa de las personas minusválidas, era una gran causa nacional. Todo funcionaba como una espiral virtuosa. Todos los “partners” (artistas o industriales) promocionaban la causa de la distrofia muscular, porque promocionándola, ellos promocionaban sus productos en el mercado. Como si la consigna fuese: “si los minusválidos nos aportan dinero, vivan los minusválidos”. 

·      No criticar el sistema que genera la adversidad: El bombardeo constante del discurso caritativo cristiano tiende a poner la responsabilidad de la exclusión o la adversidad en factores individuales, (está en esa situación porque quiere), en factores divinos (nació así, estará de Dios) o en factores aleatorios (suerte, chance). Si bien es cierto que ciertos tipos de hándicap sólo pueden atribuirse a factores genéticos, también es cierto que el tratamiento del hándicap (y no necesariamente su rehabilitación) es un asunto de solidaridad nacional, un deber del Estado y no un asunto de caridad cristiana aleatoria. La “Charity business” sustituyéndose a las  obligaciones del Estado, genera  una cortina de humo que permite a la industria privada sacar partido de esta situación de adversidad, responsabilizar a la población en sus deberes caritativos cristianos y desculpabilizar al Estado en uno de sus primeros deberes: velar por los intereses mayores de sus ciudadanos. Es por esta razón que la “charity business” no ataca al capitalismo neoliberal, al contrario, ella sirve y se sirve del sistema.


Todo esto ocurría en latitudes lejanas. Chile se encontraba fuera de todo este juego espectacular y vedetarial. Y aunque llegaban ecos de lo que sucedía en Europa y los Estados Unidos, Chile aún no le hincaba el diente al negocio. El pueblo chileno, ajeno a tan vanidosa competencia, masticaba su resignación en silencio… muy en silencio. Chile vivía bajo dictadura.

Corrían los años 1978. La dictadura militar había prohibido todo acto masivo que sonara a “campaña solidaria”, incluso el término solidario había sido borrado del léxico nacional. Todo aquello que tuviese olor al “antiguo régimen” debía ser desterrado.

¿Una campaña nacional, pidiendo fondos, “para niñitos con problemas”? Esta cruzada no fue muy bien percibida por los caporales de gobierno en un primer instante. “Don Francisco” tuvo que mover todas sus influencias (que eran bastantes en el seno del ejército) para poder realizar su sueño americano. Convertirse en el Jerry Lewis chileno.

  Acalladas y asustadas las otras voces por los militares, entre las órdenes de cuarteles y los sermones de la Iglesia, se impuso en solitario el sentido común de Don Francisco como única alternativa razonable y civil. Su visión de los problemas y su solución para ellos era eminentemente práctica (cámaras denunciando miserias y una ayudita de los auspiciadores para lograr el milagro), desideologizada en apariencia pero, en el fondo, profundamente inspirada en el sueño americano que el joven Mario Kreutzberger absorbió como maná del cielo”(2)

En los años venideros, cuando los militares y los empresarios se dieron cuenta de lo que había detrás de todo esto. No sólo aplaudieron esta iniciativa sino que la apoyaron, llegando incluso a participar en ella.

Para los equipos de propaganda del régimen, inspirándose en la vieja fórmula de los emperadores más corruptos del Imperio Romano, “panen et circenses”, la Teletón era uno de los espectáculos mayores (junto con el fútbol) que mantenía a la población en estado letárgico y permitía ocultar la represión, la tortura y los miles de desaparecidos. Además, promovía el espíritu caritativo del pueblo cristiano. La Teletón fue como pan bendito para los leales panegíricos del régimen.

Para los neoliberales y para las grandes fortunas, la Teletón  llegó en un momento donde los hechos “controvertidos” necesitaban disimularse y ciertas fortunas colosales (“espontáneas”) necesitan disfrazarse.

Fue así como se implantó e institucionalizó La Teletón en Chile. El pueblo fue completamente bombardeado, pervertido, manipulado y reducido a un animal de “consumo caritativo” para el gran bien de los grupos capitalistas chilenos y de los medios de comunicación que, como por azares de la vida, en general  pertenecen a los mismos dueños.


El pueblo chileno, que generó mecanismos propios de miedo, de obediencia y de traumatismo patológico en esos momentos terribles de dictadura, poco a poco se plegó a este sistema y como no había otra alternativa, asumió que la Charity business era lo único viable (puesto que era lo único que se ofrecía) que había para “rehabilitar” a los niños minusválidos chilenos. En esa perspectiva, la cortina de humo ya había escondido los factores principales de la exclusión y de la adversidad. 

Lafourcade decía en 1979, “Objeto el medio, objeto la forma. No los fines”. Por hacer este tipo de declaraciones el escritor tuvo que soportar toda la máquina mediática “mafiosa” pro teletón, que hizo de pies y de manos para obtener su cabeza. Una jauría de personas completamente motivadas, reactivadas y ebrias por este discurso de la “prensa caritativa” se dirigió al domicilio del escritor para arreglarles sus cuentas. Fue una de las primeras “funas” pro Teletón. 

El tema comenzó a situarse en un terreno “sensible”.  Mario Kreutzberger rayó la cancha como diciendo, “de este lado los que están conmigo, del otro lado los que están en contra mio”. Esa actitud “mafiosa” generó enormes disensiones pero también le trajo mucha adhesión.

En el 2002 y el 2003 empiezan las primeras voces a levantarse contra el imperio de la Charity business. Como Mario Kreutzberger personalizó la Teletón con su figura, los ataques hacia el proyecto Teletón son, en general, contra su persona. Los primeros en destapar la olla fueron los Prisioneros. “¡Qué lindo!, ¿no? Qué bonito que se pueda transformar una cosa en otra; que de todo el ego gigante, que todas las ganas de figurar que tenemos los artistas, ¿no?, se puedan transformar en ayuda a los niños. Que de toda la avaricia y el sentido del buen negocio que tienen las empresas, que pueden subir los precios, pagar menos impuestos, hacerse propaganda y, que con lo que consume la gente, entre comillas ayudar, se pueda ayudar realmente a los niños”(3).

El senador Jorge Lavanderos aseguraba tener información de que al menos el 30% de la recaudación se invertía en pagos de artistas y que el 5% de ese monto era directamente para Mario Kreutzberger, lo que le valió el rechazo de sus colegas y, según algunos, el inicio de su muerte política. Pero, a partir de esos elementos, el muro se fue trizando.

En 2006, el alcalde de Las Condes, Francisco De la Maza, rechazó poner publicidad de las empresas de la Teletón en su comuna. Mario Kreutzberger  respondió airado que el alcalde se estaba aprovechando políticamente del tema, a lo que De la Maza replicó tachando al animador de “vaca sagrada” y de actitud “mafiosa”.

Es evidente que portar una crítica o algún comentario desfasado en contra de la Teletón levanta mucho polvo, incluso en los tiempos actuales. Eso implica que estamos frente a un tema “sensible”, a un tema que ciertos medios de comunicación, ciertas empresas y cierto vedetariado, consideraban aún “intocable”.

Pues bien, con la brecha abierta por los estudiantes frente al tema de la obligación del Estado de preocuparse de la educación de sus jóvenes – por propiedad transitiva- es probable que, lentamente, la gente vaya haciendo consciencia que la salud y el hándicap son también deberes del Estado. Que el tratamiento de las personas minusválidas no puede estar en manos privadas ni su destino depender de shows televisivos. La solidaridad republicana es la única respuesta frente al voyerismo insano de la Charity business.

Hace algún tiempo atrás miraba un reportaje sobre los niños huérfanos de un hogar “de gestión privada” en Estados Unidos. Quedé terriblemente sorprendido de ver cómo el personal los vestía con sus mejores ropas (incluso a uno lo disfrazaron de Michael Jackson) y los preparaban para el desfile de fin de semana, como un desfile de modelos. Les decían lo siguiente “si quieren ser adoptados tienen que jugárselas al máximo, todo depende de ustedes.” ¡La responsabilidad de la adopción centrada en el niño huérfano! Parece increíble pero es verdad. La responsable del hogar aducía que “lamentablemente vivimos una época donde el show-business ocupa un lugar importante, si los niños quieren ser adoptados deben venderse lo mejor que pueden”.  

Como los chilenos viven copiando todo aquello que se hace en el extranjero, sobre todo en Estados Unidos (incluso lo más nefasto a veces), y como la charity business se ha integrado a nuestro  esquema cotidiano, yo espero y anhelo, con todo el fervor de mi corazón que a ningún iluminado chileno ni a ningún medio de comunicación, se le vaya a ocurrir “copiar” y difundir este procedimiento macabro.

Referencias:


(1)  En Francia « charity business » es  una expresión de significado negativo o satírico.

(2) Rafael Gumucio. Historia de un rostro. http://www.google.es/search?sourceid=ie7&q=pop+tropical+rafael+gumucio&rls=com.microsoft:fr:IE-SearchBox&ie=UTF-8&oe=UTF-8&rlz=1I7ADRA_frFR443

(3)  Jorge González, intégrante del grupo los Prisioneros. 30 de noviembre de 2002.

Tags: , , ,

0 Comments

You can be the first one to leave a comment.

Leave a Comment