Celebrar o reír tras el miedo.

Breves — By on septiembre 14, 2010 at 14:29

La sociedad puede asumir opciones. Tomar desiciones conjuntas, o obviar lo elemental en favor de los placeres mudanos.

Nosotros, como parte de la sociedad, podemos asumir opciones. Tomar desiciones personales y grupales, o definitivamente obviar lo esencial en favor de los placeres mundanos.

Un bicentenario con mapuches muriendo, mineros encerrados, represión policial, un gobierno liberal-conservador y el bastión simbólico y político de la democracia (La Concertación) sumido en su propia decadencia, no puede sino ser claro y preciso en lo que entrega como “imagen país”.

Hoy en día, la abulia es pan de cada día, pero estas fechas son imposibles de dejar pasar. Un bicentenario concertado para el webeo. Para el despilfarro. Para el exceso. Para la diversión. Para el alcohol. Para, en definitiva, asumir el último espacio que nos va quedando de libertad, aunque sepamos que se asemeja más a la ficción que al real sentido de la vida que llevamos en lo cotidiano.

Y está bien. A nadie le hace mal el webeo. A los sociólogos les hace bien el webeo. A los políticos les hace bien el webeo. A la gente le hace bien el webeo. Es una terapia donde la risa, que se esconde siempre tras el miedo, se supone permitida, aceptada, ofrecida,  dispuesta, personal y social.

He comido, ya antes del dieciocho, al menos 4 empanadas.  Todavía no tomo chicha, pero a pesar del país que hemos construído o dejado construir, a pesar de los mapuches, y apesar de los mineros, y a pesar de las termoeléctricas, y de las estructuras sociales dominantes, a pesar de toda la vigilancia y la desconfianza social, hoy Chile (esa extraña composición indígena-española-neoliberalosa-del-fin-del-mundo) celebra 200 años y se dispone a obviar, purgar, olvidar, y ahogar, en beneficio de los placeres mundanos, toda la historia que le han contado.  Algunos dicen que no hay nada qué celebrar, otros dicen que lo comido y lo bailado no se los quita nadie. Cada uno, al final, es dueño de su 18; consciente o inconscientemente la desición es suya. yo le propongo dos opciones:

1) Reír tras el miedo,

2) o definitivamente obviar lo esencial en favor de los placeres mundanos. Sin culpa. Porque los placeres mundanos son la vida, a pesar de la basura y lo trillada y hueca que puede sonar la palabra Bicentenario.

Herr Direktor

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