Caligrafía en descontento: perspectivas y desafíos de los movimientos sociales que irrumpieron en Chile durante el 2011.

Breves, Seguridad y Vigilancia — By on diciembre 21, 2011 at 01:51

Marco Silva Cornejo

Caligrafía en descontento, ése pareciera ser el sabor y la tonalidad que dejan las acciones y discursos impulsados por diversos actores de la sociedad civil chilena durante el año 2011. Un año marcado por la irrupción de la movilización social y la emergencia de demandas sociales y particulares que congregaron gran apoyo ciudadano, como la ecología (Hidroaysen) la educación, las reivindicaciones del pueblo Mapuche, pobladores, minorías sexuales, entre otras.

La ofensiva social observada durante el 2011, permite constatar un proceso de tensión histórica, marcada por la revitalización de la calle y la acción callejera como el espacio donde el pueblo y la sociedad civil en su conjunto, expresan y demandan su descontento frente a las injusticias, abusos, perversiones y desigualdades amparadas en el marco del actual modelo de desarrollo político, económico y social.

La irrupción de la calle y de la alegría multicolor de la revuelta, demanda y tensiona a nuestra sociedad y a nuestra clase política en particular. El agotamiento de nuestra precaria democracia tutelada, en el marco de vulnerabilidad a que es expuesta nuestra población en el concierto de las economías neoliberales, ha terminado por favorecer la emergencia de un discurso instituyente y crítico, cuyo objeto de descontento puede identificarse en dos actores claves: la economía y la política.

El lucro, la colusión, la desigualdad, la concentración de la riqueza, son prácticas de los grupos económicos y políticos dueños del país que han tocado la dermis del tejido social, irritando y perturbando su desarrollo, y generando una respuesta global de frustración y descontento. La calle emerge entonces como el espacio de lo público, la calle es el lugar donde se avanza en la denuncia y la demanda desde la experiencia y la memoria histórica de lo popular. Este es tal vez uno de los elementos más relevantes que nos dejan las movilizaciones del 2011: la recuperación de la calle como espacio de denuncia y agitación, como escenario para representar el espectáculo de la indignación.

Durante el presente año observamos diversas prácticas en este orden: reedición de los antológicos caceroleos, marchas hipermultitudinarias, representaciones teatrales, recitales, besos masivos, huelgas de hambre, capucha y barricada.

Resulta fundamental, para el desarrollo del movimiento social, lograr saltar del  territorio de la protesta testimonial y de denuncia, hacia  la generación de un tejido orgánico y organizativo que permita madurar una experiencia que posibilite la trasformación de nuestro actual sistema político (constitución) y de nuestro sistema económico.

Asumir desde las ciencias sociales un rol activo y militante en el proceso descrito, es la tarea de quienes identifican en estas disciplinas una herramienta al servicio de la trasformación de nuestras sociedades. En este sentido, se debe fortalecer el espacio y el territorio de lo crítico, perder el miedo al vértigo de la agitación y recuperar el sentido de la trasformación en nuestra acción profesional, disciplinar  y laboral. La revuelta debe llegar para quedarse y reproducirse en el cotidiano con todas las fuerzas de la historia.

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