Butler: El género que se disputa y la sexualidad infantil.

Breves, Infancia y Niñez, Sexo & Poder — By on abril 11, 2011 at 09:12

Por Charol


 

Es imposible quedar en silencio cuando unx[1] personaje tan importante aparece en la palestra y farandulilla intelectual Chilena y extranjera. Justamente a propósito del derecho a aparecer: Tema de la conferencia de Judith Butler que convocó una gran cantidad de público a la UDP (A alguien escuché que aproximadamente 600 personas… ¡toda una rockstar intelectual!)

“El género en disputa”; quizás el texto más reconocido de Butler me hace plantear la pregunta sobre ¿Quiénes lo disputan? El género está en disputa, pero ¿sobre quiénes se encarna este conflicto?

Lo disputa la academia, lo disputan los movimientos sociales, lo disputan lxs activistxs políticxs, lo disputan las políticas públicas, los disputan las putas, lo disputan los conservadores, lo disputa la iglesia, lo disputa la medicina, lo disputa la filosofía, la sociología y el psicoanálisis. O a lo mejor está en una disputa interna, entre nosotros mismos, nuestras construcciones identitarias y nuestro cuerpo.

Me pregunto si algo de violencia se pone en el juego de esta disputa. Quizás de una violencia por el reconocimiento, por el derecho a aparecer y constituirse como un sujeto válido para otros, para un grupo, para la comunidad, para la polis, para el lenguaje. Una violencia necesaria para encontrar un lugar en el mundo y constituirse frente a los espejos disponibles.

Por otro lado una violencia desde lo que funciona como instituido. Frente a aquellos saberes/poderes que nombran y conceptualizan el género y su sexualidad de forma constante, dejando al sujeto sometido a las posibilidades de los conceptos. Frente a los archivos y fichajes que preguntan sobre en qué lugar uno se sitúa.

La violencia de tener que responder a cada instante sobre qué es uno. Ni siquiera la pregunta es abierta. No hay una pregunta sobre quién es uno en un sentido histórico. Muy por el contrario, la pregunta va dirigida a la clasificación, a la objetivación de nuestras posibilidades. Un interés vacío de escuchar al sujeto, pero un interés lleno por controlar las individualidades.

Me parece productivo, y no inerte como algunos lo plantearon en el seminario, la apuesta de Judith Butler para reflexionar la temática jurídica del “consentimiento” en la niñez frente a su sexualidad. Pienso que es en este concepto donde se encierra lo que intento plantear respecto a la violencia instituida del género que se disputa.

Son (in) justamente las instancias jurídicas y políticas las que determinan qué sería la sexualidad de un niño o una niña. Instancias que la medicina, la psicología, la pedagogía y todas las disciplinas de la niñez se apropian y construyen como una verdad, reproduciendo para evaluar y clasificar.

Al formalizarse lo instituido, el problema radica en que parece ser insostenible preguntarle a algún niño o niña sobre sí mismo. Desde lo disciplinario no sólo se le priva del lenguaje, sino también de su sexualidad y su cuerpo. Los niños desaparecen como sujetos al no ser validados desde estas dimensiones, al no ser reconocidos en estas construcciones.

Freud planteaba que la sexualidad infantil es algo de lo que el mundo no quiere saber, pero al mismo tiempo constituye al adulto que la reprime. Por lo tanto esta sexualidad infantil aparece como una verdad que no se quiere ver, pero aparece como síntoma en la sexualidad social. Quizás esto se actualiza en la conversación de Butler y su pregunta sobre el consentimiento sexual de un niño.

Así, la sexualidad infantil termina siendo un terreno fértil donde el género está en disputa. El placer es temido como un desordenador de lo social y de lo establecido. La sexualidad se queda sin palabras y es el horror de la cultura, es donde se encuentra lo peligroso. Pero no somos conscientes que esta sexualidad es un ordenador de símbolos culturales.

La prohibición debe existir en la medida que implica un ordenamiento. Un ordenamiento que   permite a los sujetos ser reconocidos en su diversidad y que permita a los sujetos a ser escuchados, es decir… a ser sujetos. Lo que implica inevitablemente poseer lenguaje, sexualidad e historia.

 


[1] Ocupo la x como una forma de flexibilizar el lenguaje para referirme a aquello que la palabra no permite nombrar. Es decir cualquier construcción de género y diversidad identitaria.

 

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9 Comments

  1. libre dice:

    Interesante artículo….pero ¿se está en vías de defender en la teoría a la pedofilia?

  2. lakar dice:

    Habría que explorar más profundamente la pedofilia. Porque tal como dices, no todo abuso sexual infantil implica pedofilia y vice versa. Encuentro lamentable que la pedofilia aparesca como enfermedad mental, y se la considere facilmente como perversión. Creo que hay algo más complejo en la pedofilia que simplemente ser una cierta exitación libidinal que pone por objeto a un niño o niña. Si es por eso la homosexualidad debiesemos seguir considerandola perversa, o la heterosexualidad misma, o para redondear cualquier expresión sexual. Quizas eso es lo que a pasado en occidente, o en nuestras civilizaciones modernas, donde la sexualidad está atravesada por instituciones juridicas y médicas, con sus leyes del pudor que establece sociedades de peligrosos y sociedades de vulnerables, o fragiles.

  3. charol dice:

    y se hace aún mas interesante cuando Freud plantea que la sexualidad infantil es perversa y polimorfa

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