Butler: El género que se disputa y la sexualidad infantil.

Por Charol


 

Es imposible quedar en silencio cuando unx[1] personaje tan importante aparece en la palestra y farandulilla intelectual Chilena y extranjera. Justamente a propósito del derecho a aparecer: Tema de la conferencia de Judith Butler que convocó una gran cantidad de público a la UDP (A alguien escuché que aproximadamente 600 personas… ¡toda una rockstar intelectual!)

“El género en disputa”; quizás el texto más reconocido de Butler me hace plantear la pregunta sobre ¿Quiénes lo disputan? El género está en disputa, pero ¿sobre quiénes se encarna este conflicto?

Lo disputa la academia, lo disputan los movimientos sociales, lo disputan lxs activistxs políticxs, lo disputan las políticas públicas, los disputan las putas, lo disputan los conservadores, lo disputa la iglesia, lo disputa la medicina, lo disputa la filosofía, la sociología y el psicoanálisis. O a lo mejor está en una disputa interna, entre nosotros mismos, nuestras construcciones identitarias y nuestro cuerpo.

Me pregunto si algo de violencia se pone en el juego de esta disputa. Quizás de una violencia por el reconocimiento, por el derecho a aparecer y constituirse como un sujeto válido para otros, para un grupo, para la comunidad, para la polis, para el lenguaje. Una violencia necesaria para encontrar un lugar en el mundo y constituirse frente a los espejos disponibles.

Por otro lado una violencia desde lo que funciona como instituido. Frente a aquellos saberes/poderes que nombran y conceptualizan el género y su sexualidad de forma constante, dejando al sujeto sometido a las posibilidades de los conceptos. Frente a los archivos y fichajes que preguntan sobre en qué lugar uno se sitúa.

La violencia de tener que responder a cada instante sobre qué es uno. Ni siquiera la pregunta es abierta. No hay una pregunta sobre quién es uno en un sentido histórico. Muy por el contrario, la pregunta va dirigida a la clasificación, a la objetivación de nuestras posibilidades. Un interés vacío de escuchar al sujeto, pero un interés lleno por controlar las individualidades.

Me parece productivo, y no inerte como algunos lo plantearon en el seminario, la apuesta de Judith Butler para reflexionar la temática jurídica del “consentimiento” en la niñez frente a su sexualidad. Pienso que es en este concepto donde se encierra lo que intento plantear respecto a la violencia instituida del género que se disputa.

Son (in) justamente las instancias jurídicas y políticas las que determinan qué sería la sexualidad de un niño o una niña. Instancias que la medicina, la psicología, la pedagogía y todas las disciplinas de la niñez se apropian y construyen como una verdad, reproduciendo para evaluar y clasificar.

Al formalizarse lo instituido, el problema radica en que parece ser insostenible preguntarle a algún niño o niña sobre sí mismo. Desde lo disciplinario no sólo se le priva del lenguaje, sino también de su sexualidad y su cuerpo. Los niños desaparecen como sujetos al no ser validados desde estas dimensiones, al no ser reconocidos en estas construcciones.

Freud planteaba que la sexualidad infantil es algo de lo que el mundo no quiere saber, pero al mismo tiempo constituye al adulto que la reprime. Por lo tanto esta sexualidad infantil aparece como una verdad que no se quiere ver, pero aparece como síntoma en la sexualidad social. Quizás esto se actualiza en la conversación de Butler y su pregunta sobre el consentimiento sexual de un niño.

Así, la sexualidad infantil termina siendo un terreno fértil donde el género está en disputa. El placer es temido como un desordenador de lo social y de lo establecido. La sexualidad se queda sin palabras y es el horror de la cultura, es donde se encuentra lo peligroso. Pero no somos conscientes que esta sexualidad es un ordenador de símbolos culturales.

La prohibición debe existir en la medida que implica un ordenamiento. Un ordenamiento que   permite a los sujetos ser reconocidos en su diversidad y que permita a los sujetos a ser escuchados, es decir… a ser sujetos. Lo que implica inevitablemente poseer lenguaje, sexualidad e historia.

 


[1] Ocupo la x como una forma de flexibilizar el lenguaje para referirme a aquello que la palabra no permite nombrar. Es decir cualquier construcción de género y diversidad identitaria.

 

9 thoughts on “Butler: El género que se disputa y la sexualidad infantil.”

  1. Habría que explorar más profundamente la pedofilia. Porque tal como dices, no todo abuso sexual infantil implica pedofilia y vice versa. Encuentro lamentable que la pedofilia aparesca como enfermedad mental, y se la considere facilmente como perversión. Creo que hay algo más complejo en la pedofilia que simplemente ser una cierta exitación libidinal que pone por objeto a un niño o niña. Si es por eso la homosexualidad debiesemos seguir considerandola perversa, o la heterosexualidad misma, o para redondear cualquier expresión sexual. Quizas eso es lo que a pasado en occidente, o en nuestras civilizaciones modernas, donde la sexualidad está atravesada por instituciones juridicas y médicas, con sus leyes del pudor que establece sociedades de peligrosos y sociedades de vulnerables, o fragiles.

    1. Tengo la sensación que toda experiencia sexual tiene necesariamente el condimento de la perversión. Los límites, su rompimiento, el sometimiento, la dominación, la expresión del placer, todo, tiene una densidad que raya en la experiencia de convertir en “objeto” a aquellos a los que se posee, o a los que se desea poseer. Ahora, la ejecución de ese deseo, o la imposibilidad de controlar esa pulsión, es la que se juzga normativamente, no el deseo mismo.
      El que se condene a Karadima por abusador, no tiene que ver con sus deseos sexuales, sino con la manifestación explícita de ese deseo en formas de dominación y abuso q implican un perjuicio para la integridad de un otro que por definición es más vulnerable que quien ejerce su deseo a toda costa. Eso es abuso de poder. Y ése es el juego que juega la ley; el juicio a la incontinencia sexual, el juicio a la explicitación de los deseos perversos, que probablemente todos hemos tenido.

    2. Estoy de acuerdo…
      Creo que para entender la perversión y la pedofilia es necesario un estudio profundo. Diversos son los textos y las teorías que trabajan sobre esto.
      Ahora, no se si tomaría como algo facil la relación entre la pedofilia y la perversión. Pensando que la perversión es aquello que juega con la Ley (simbólica, no leyes sociales).

      Lo interesante, me parece, de todo esto es que cuando se habla de sexualidad infantil se arma por una relación casi causal con la sexualidad adulta y su plusvalía (la pedofíal).
      Creo que cada vez mas se actualiza aquello que dice Freud, y que creo que remplantea Butler, acerca de la sexualidad infantil como un terreno oscuro que la sociedad intenta negar, pero al mismo tiempo constituye al adulto que la reprime.

    1. uuuu, buena pregunta. No sé el autor de este artículo, pero yo creo q no es una cuestión de abanderamientos teóricos, sino de amplitud de perspectivas. Relativización de dogmas. Sanidad mental para pensar los problemas sociales, y por supuesto, las desiciones individuales.
      Cuando hablamos de niños y niñas, evidentemente nos espantamos por las consecuencias de nuestra reflexión; ¿hasta dónde llegaremos con las preguntas?
      A Nietzsche lo culparon de Nazi cuando los Nazis ocuparon a Nietzsche, ¿pero eso es culpa del filósofo Alemán?, no creo.
      Ahora, si los pedófilos ocupan a Butler para justificar sus libertades sexuales, reconociendo autonomías sexuales en los niño/as tendríamos q preguntarnos qué parte de la discusión nos lleva a creer que las teorías para comprender el mundo nos invitan a justificar nuestras acciones con reflexiones q en ningún caso son determinantes?
      Entiendo tu preocupación; es como temerle a la evolución de un capitalismo que venda una postura consciente de sus consecuencias, que permita su perpetuación como modelo.

      1. Don Herr:
        Me acordé de una experiencia respecto a esto. Luego de que Freud dice que los niños tienen sexualidad, hubo una denuncia por un abuso sexual infantil. Y el abogado mencioná la teoría sexual de Freud para decir que si sintieron placer.
        Aunque esto sea cierto, no implica que no exista un abuso sexual.
        Cuando Freud define la sexualidad infantil, no habla de “relaciones sexuales con un adulto”. Como también creo que cuando habla Butler de la sexualidad y el consentimiento infantil, no habla de relaciones sexuales de los niños con un adulto.

        Gracias por su comentario.

        1. El abogado, probablemente entendió que tener sexualidad necesariamente implicaba placer. Debe haber tenido experiencia muy buenas en la cama, o definitivamente querer justificar cualquier cosa con teorías novedosas.
          Sobre sexualidad infantil y deseo, hay un libro de novela histórica, de esas best seller que se llama Bagoas. Que cuenta la historia del Eunuco de Alejandro Magno. Ahí, el muchacho manifiesta, por socialización, condición, o qué sé yo, una sexualidad bien nutrida por el deseo. Es un relato, lo sè, pero a mí me generó preguntas, y efectivamente la sexualidad en los niños se manifiesta, a veces, de manera tan explícita como la excitación por la propia madre. O por animales. Ahí el raciocinio no entra en juego sino para contraponer la culpa a la pulsión sexual.
          Hamilton, o otro de los sujetos que acusan a Karadima, manifestó placer al ser masturbado o toqueteado por el cura, y eso lo mató. La contradicción vital entre lo que aparece desde dentro, y la visibilización de una conducta que a todas luces está fuera de tus marcos de comprensión. Un placer horroroso. O una horrorosa forma de encontrarte con tus placeres.

    2. Estimadx libre:
      Creo que es deseable dejar en claro que la “pedofilia” es una enfermedad mental que se incluye dentro de las parafilias y clasificada por los manuales de psiquiatría.
      No estoy seguro si una teoría puede defender algo categorizado como una “enfermedad mental”. Claramente la pedofilia tiene un carácter de perversión. Es decir un tipo de excitación libidinal que toma por “OBJETO” a un niño o niña. En este sentido el Sujeto deseante es el adulto y el objeto deseado el infans.
      Justamente una teoría sobre la sexualidad infantil, posiciona a los niños como sujetos de deseos, de historia y de lenguaje, en estricto rigor no es concordante con la pedofilia. Porque como dije antes, esta relación se basa en tomar a los niños como objetos.
      Ahora, si dejamos fuera a la pedofilia (porque obviamente no toda pedofilia implica un abuso sexual infantil y no todo abuso sexual infantil es una pedofilia) en el seminario me parece que le preguntaron algo parecido a Butler.
      Su respuesta fue justamente que al reconocer el deseo en los niños, evita un posible abuso sexual. Porque, asumiendo esta responsabilidad, hay un espacio de escucha.
      Me parece importante ratificar mi última parte del texto: “la prohibición debe existir en la medida que implica un ordenamiento”, un ordenamiento de las relaciones que permita a las personas ser sujetos. Por lo tanto el abuso sexual infantil sería totalmente en contra de esta idea.

      Muchas gracias por el comentario

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