Arabia Saudita, Estados Unidos y la primavera árabe: un poco de historia.

Breves, Seguridad y Vigilancia — By on enero 23, 2012 at 04:47

Por  Carlos  Bassaletti  Q./Canadá

En varios países árabes se está produciendo un proceso que los entendidos evalúan como “revoluciones democráticas”. Los ejemplos tipos se pueden graficar en los casos de Túnez, Egipto, Libia y Siria. Estos acontecimientos poseen características intrínsecas propias a sus realidades económicas, culturales, políticas, y geopolíticas. Por mi parte, me limitaré a indagar sobre el rol de sólo dos países en estos turbulentos acontecimientos, bautizados como “La Primavera Árabe”.

El primero de estos países es inmensamente rico en petróleo, y un aliado de talla del segundo, de quien es uno de los más importante compradores de armas del mundo, y es a su vez, gobernado por una de las más raras monarquías absolutas del planeta. Antecedentes todos, que lo convierten per se en un actor estratégico para el Occidente. Hablo del binomio Arabia Saudita-Estados Unidos; el primero, geografía esencialmente desértica, que todavía se ve poco afectada por esta onda contestataria.

En política, puede que uno de los errores más comunes sea ver la realidad como nosotros quisiéramos que fuera, y no como lo que verdaderamente es. Este sesgo cobra particular importancia cuando intentamos predecir la salida de un determinando proceso social. Por ejemplo, si enlazamos que del desplome de ciertas dictaduras árabes, vendrá la democracia como la entendemos en Occidente. Ello, en rigor científico social, sería en estas culturas un paradoja.

A modo de muestra, en Libia se viene de instaurar la Charía, cuestión que va en manifiesto desencuentro con la igualdad de hombre y mujer en la sociedad, sobre todo ante la Justicia, asunto no menor si lo comparamos a democracias como Bélgica, Brasil, Francia o Suiza, por citar realidades algo conocidas por nosotros los latinoamericanos.

Sí, estimo que en esto estaremos de acuerdo: la importancia que está teniendo el Islam en las posibles salidas que vayan adoptando cada uno de estos pueblos a sus legítimas demandas internas. Aquí entra a jugar un pasado histórico poco conocido del binomio sujeto de nuestro artículo. La línea político-religiosa que implementan conjuntamente (es difícil separar las aguas entre lo político y religioso), y la primacía de los partidos que obedecen a raíces coránicas en estos conflictos sociales.

Año 1962: Estados Unidos está en plena Guerra Fría con la ex URSS, vale decir, en la poco ortodoxa “lucha por la mente de los hombres”. La gran mayoría del Occidente trabaja para derrotar ideológicamente (militarmente hubiera sido un suicidio para toda la humanidad), al enemigo comunista. Uno de los peligros -a juicio de USA- que incuban los Estados de la región Árabe, es el nasserismo y su subsecuente nacionalismo, amalgamado de laicisismo de corte estatista-socialista. Por tanto, para la geopolítica estadounidense, es imprescindible encontrar un aliado de envergadura en la región, pues con Israel todavía no es suficiente; a Turquía se le utiliza para instalar misiles de largo alcance e, Irán no pertenece al mundo árabe, amén de que tradicionalmente el Estado persa, ha generado temores y desconfianza en el universo árabe.

El Departamento de Estado, liderado por el muy viajero Dean Rusk, y Kennedy, encuentra este vital aliado en la monarquía de Arabia Saudita, rumbo de cooperación diplomático-militar que el presidente Johnson y sus sucesores continuarán. Es decir, se busca privilegiar a este nuevo socio como cabeza de playa para contrarrestar a gobernantes como Nasser, Ben Bella-Boumedynne y otros “anticolonialistas” y antimperialistas” (más tarde Saddam y Kadhafy), que manifiestamente están inclinándose hacia el lado de la URSS.

USA está consciente, después del desastre de Bahía Cochinos y Vietnam, que ya germina, que no existe solución militar a aplicar en esta religiosa región. El camino a desarrollar será apoyar en lo máximo posible a esta corrupta monarquía, con el fin de ir cerrando el paso, al en ese entonces, efecto dominó, que se presumía podía ocurrir si más pueblos emulaban el ejemplo laico-nasserista.

La piedra filosofal de esta estrategia de largo plazo correspondería públicamente al soberano Fayçal, quien de inmediato en mayo de 1962, como príncipe heredero, recibe en la Meca a 111 ulemas u hombres sabios del islam, que asumen como objetivo reformar y potenciar el moribundo Congreso Islámico Mundial.

El primer paso, es fundar la Rabita al-alam al-islami o Liga islámica Mundial (LIM). A su vez, unaotra forma de vencer a los enemigos del Islam (leáse laicisimo, nacionalismo y socialismo), es abrir oficinas de la LIM desde Marruecos a Indonesia, fortalecer las escuelas coránicas, y editar diarios, libros y folletos con la orientación islámica respectiva. La generosidad de la caja fiscal saudita alcanzaba para eso y más. En el plano internacional, será la diplomacia estadounidense la que facilitará abrir las puertas en ciertos casos puntuales, ej. pregonando la “libertad religiosa”.

Años 1969-1979: comienza una “reingeniería” de numerosos partidos políticos de bases coránicas (particularmente notorio en Egipto, Túnez, Argelia e Irak), ya no anticolonialistas ni de inclinación estatista, sino más bien, de hacer frente al ateísmo “en todas sus degradantes manifestaciones”,  lo que implica entre otras cosas -si posible-, el avanzar hacia la formación futura de estados islámicos.

Fayçal ya como soberano, y con el petróleo aumentando en sus niveles de precios y alentado con los acuerdos de ayuda militar acordados con USA, fomenta profusamente centros culturales árabe-islámicos, una Agencia de Prensa Internacional, radios, etc. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, pues la orientación original wahabista no es tan fuerte en comparación al auge del sunnismo, algo más radical, al tiempo que la Organización para la Liberacion de Palestina (OLP) con Yasser Arafat, encuentra simpatizantes en prácticamente todo el espectro árabe-musulmán, fenómeno que preocupa y ocupa a Estados Unidos e Israel.

Mientras el comunismo y el nasserismo prometían la igualdad terrenal, los saudíes y la LIM con mayores medios logísticos, ofrecían la igualdad celestial.

Resumiendo: Arabia Saudita-Estados Unidos financian partidos políticos de orientación musulmana allí donde el antinorteamericanismo es fuerte, ayudan con todo a la propagación de madrasas en Afganistán y Paquistán, aunque varios de estos partidos y movimientos actuales, tales “Los Hermanos Musulmanes”, están desbordando a la orientación wahabista original. La batalla del islam en contra del  laicismo, está siendo ganada en Túnez, Egipto, Libia, Argelia (también en Turquía) y posiblemente Siria, mas todavía es prematuro ignorar en la Primavera Árabe, la influencia antioccidental del chiísmo de Irán e Irak y, repetimos: tratemos de ver la realidad como es y no como nos gustaría que fuera.

Nasser, Ben Bella, Arafat, Saddam, Kadhafy y sus orientaciones geopolíticas son pasado. Arabia Saudita-Estados Unidos han ganado el primer set, pero todavía queda mucho partido por delante e incluso -a veces- nadie sabe para quién trabaja, Afganistán es una prueba tangible de este viejo adagio. En este complejo escenario, los propios árabes tienen la última palabra.

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