La sociología, ¿sirve para algo?

Antiguos, Escritos — By on septiembre 2, 2010 at 13:46

 “En la actualidad, en cualquier universidad importante del país, ni Kant ni Hume sobrevivirían un año en un curso de posgrado (…). Hoy día, las facultades de humanidades son colmenas de doctrinas abstrusas como el estructuralismo, el posestructuralismo, el posmodernismo, la deconstrucción (…). La nomenclatura varía, pero el subtexto es siempre el mismo: puede que el marxismo haya muerto, sin embargo es posible encontrar nuevos proletarios a quienes apoyar ideológicamente (…). Podemos usarlos para expresar nuestra indignación ante los poderes fácticos y nuestra indiferencia ante los bufones burgueses”.

Tom Wolfe. En el País de los Marxistas Rococó.

 

Si es que Jürgen Habermas (1993: 277) tiene razón, entonces la sociología es la ciencia de la crisis. Donde fuese que se produzcan fracturas sociales importantes, que se desaten procesos de modernización, que aumenten la complejidad y la diferenciación, que se transformen las relaciones sociales o el modo de producción, cabría esperar que brotase rápidamente la reflexión e investigación sociológica. Pero como sabemos que la causalidad no es un asunto sencillo y que las relaciones entre variables pueden ser reversibles en nuestro campo de estudio, bien se podría plantear esta situación exactamente al revés: donde sea que se junten dos o más sociólogos, aparecerán como por arte de magia fenómenos de crisis que hasta el momento nadie había entendido como tales y que, tal vez, a nadie le habrían parecido problemáticos sin mediar la intervención de nuestros queridos colegas; así de imbuidos viven todos en su mundo cotidiano, embobados por la ‘actitud natural’ y la ilusión del ‘y así sucesivamente’ (Schutz 1972: 28). Por lo visto, cabe preguntarse hasta qué punto lo que a los sociólogos, sujetos reflexivos y a veces unos densos profesionales, les (nos) parece problemático lo es realmente para los actores, en fin, para quienes tienen que vivir las crisis desde dentro.

Ocurre de manera muy frecuente que al leer a los más variados autores uno se encuentra con diagnósticos en que los juicios de valor se mezclan con los hechos y los pasan de contrabando. No siempre se sabe de verdad si lo que se está leyendo es una explicación de cómo funciona el orden o una recomendación normativa sobre las características que debiese tener una buena sociedad. Dicho de otro modo, a muchos sociólogos les interesa más el fundar programas de acción política reformista (v.g., Alain Touraine, Norbert Lechner, Tomás Moulian, entre otros) que programas de investigación. Si se comparte In Bezug auf die Geschwindigkeit und den Zeitmaßstab gibt es einen großen Unterschied zwischen Online-Roulette die-besten-online-casinos.info/spiele/roulette und Roulette die-besten-online-casinos.info/spiele/roulette an einem echten Tisch. su visión ideológica, leerlos puede producir regocijo en quienes buscan reafirmar sus posturas previas y sentirse halagados intelectualmente: “¡yo sabía que era así!”. Los contrarios, entonces, pueden condenarse entonces al infierno de la estupidez: “¿pero cómo no entiendes que es así? Touraine dixit”. Esto no equivale a decir que el reformismo sea ideológico y que a causa de ello los reformistas estén cegados y no puedan observar con mayor neutralidad la realidad. Este artículo también es rebosante en ideología y no tiene pretensiones de neutralidad. Pero para leer sobre la buena sociedad (en vez de leer sobre la sociedad que es) resulta más edificante la filosofía política, que es abiertamente normativa.

Cabría también hacerse la pregunta sobre la pertinencia de la sociología. ¿Es la sociología una buena ciencia o al menos una buena forma de comprender y explicar el mundo? Es una pregunta larga y difícil de responder; en el espacio de este pequeño artículo a lo más se puede decir que la sociología no es la única forma en que ello puede lograrse. Hay caminos científicos y no científicos, estos últimos no precisamente brujería o superstición. La literatura es uno de esos caminos. Las intuiciones de un sólo buen escritor muchas veces iluminan más que 100 entrevistas en profundidad juntas o que 1 encuesta de 2500 casos aleatorios.

Se supone que en la relación entre sociología y sociedad hay una cierta reciprocidad. Los resultados descubiertos por los sociólogos tendrían impacto sobre la sociedad, modificándola en algún modo. Raymond Aron (1997: 9) identifica 3 actitudes hacia la sociología: hostilidad, benevolencia e indiferencia. Nosotros parecemos estar en una época de indiferencia, a juzgar por el peso reducido que tiene la sociología en la discusión pública. Más allá de que el libro de Tomás Moulian haya sido un best-seller, de que Villegas tenga tribuna en todos los medios masivos o de que los estudios de opinión se publiquen en todos lados, sigue pareciendo que la disciplina es poco influyente, que la investigación más académica se toma poco en cuenta y que, al fin y al cabo, nadie entiende muy bien en qué estamos, ni siquiera nosotros. Es decir que, a pesar de que Chile ha vivido una serie de transformaciones económicas, sociales, culturales y políticas, el lenguaje sociológico (tradición – modernidad; comunidad – sociedad; diferenciación funcional, etc.) no aparece demasiado en la discusión pública. Esto no significa sugerir que los sociólogos debiesen intentar convertirse en filósofos reyes: eso sería contradictorio con lo que se afirmó en los primeros párrafos y, además, infinitamente arrogante y autoritario. Nada peor que la ingeniería social. Pero si la sociología sirve para algo, entonces debería existir algo que aportar. Sin embargo la observación más ingenua muestra que los economistas han sido mucho más exitosos a la hora de persuadir a la sociedad casi entera respecto de las virtudes de su ciencia. Sin contar el hecho de que muchos de sus conceptos han inundado nuestro lenguaje cotidiano y que sus elegantísimos y sobrios modelos marshallianos de oferta y demanda parecen subyacer tras los análisis que mucha gente hace de la realidad social, académicos serios incluidos, hay que reconocerles méritos. El más evidente es la contribución que significa para la conducción de los asuntos comunes el haber logrado instalar (al fin) la idea de que el control de la inflación es crucial, ya sea que uno siga una política de izquierdas o de derechas.

Otros que se interesan por analizar asuntos que también son de interés para la sociología son los periodistas, aunque es claro que ésta suele ser una perspectiva más precaria. La rapidez con que se construyen las noticias, los intereses de las organizaciones en las que los periodistas se desempeñan y el imperativo por “golpear” y anticiparse a la competencia a como dé lugar les juega en contra. De acuerdo a mi experiencia suelen considerar a los sociólogos como buenos aliados, precisamente como resultado de la conciencia de sus debilidades: creen útil tener a la mano a alguien que explique lo que ellos reportean. Sin embargo la situación es como la describía Bertrand de Jouvenel: los observadores que se mueven a ras de tierra son los más rápidos en detectar las agitaciones, los pequeños movimientos, pero al mismo tiempo los menos confiables en sus diagnósticos de ellos.

José Miguel Valenzuela. JMLV.

 

Referencias

ARON, R. (1997). Ciencia y Conciencia de la Sociedad; en Estudios Políticos. México D.F.: FCE

HABERMAS, J. (1993). Tareas Críticas y Conservadoras de la Sociología; en Teoría y Praxis. México D.F.: Editorial Iberoamericana

SCHUTZ, A. (1972). El Problema de la Realidad Social. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

WOLFE, T. (2001). En el País de los Marxistas Rococó; en El Periodismo Canalla y otros Artículos. Barcelona: Ediciones B.

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3 comentarios

  1. ANDRES dice:

    “la sociología es un deporte de combate” , pensemos en ese esa titulo en su amplio significado, más allá de la primera significación voluntarista.

    Con respecto a la lengua me parece que “describir es prescribir”. Pensemos en términos de Hall, un nuevo “codigo hegemonico” de una fracción tiene reverberación en la inexistente “opinión publica”, difícil pensarlo sin la reforma conservadora y la “logica de la cuña” en que prima en el mass media.

    ¿Somo parias si no somos funcionales?.

    Saludos.

  2. Hay quienes enarbolan al utilitarismo como lógica que entrega justificación a la existencia.
    La inutilidad puede ser provechosa, digo yo. No sé el autor del artículo.
    Al menos para mí, nada de parias si la búsqueda por algún sentido no es infructuosa. Es decir, no olvida que preguntarse por sí mismo, y por qué no, por la disciplina que uno maneja, no es equivalente a hacerse el imbécil con lo que te importa. O nos importa.

  3. ANDRES dice:

    De acuerdo, y me parece pertinente relacionar lo que planteas sobre la utilidad o no de la sociología con el punto de la prominencia de un saber técnico sobre la reflexión, con esto no apunto a al criticar la metodología (algo absolutamente necesario y lógico para aprehender/construir esta “realidad”), pero si a pensar como la lógica imperante hoy nos lleva a la mutilación de la reflexión, a entronizar al técnico en desmedro del ¿por que?, en desmedro de la duda y el cuestionamiento, que siempre es sana.

    Saludos

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